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la verdad de lanzarote

Almogaren de Artevigua: el Templo perdido de los antiguos canarios

Este yacimiento se localiza en 1996 y se encuentra situado en las montañas de la vertiente noroeste de Gran Canaria, en el poblado troglodita hoy deshabitado de Risco Caído, en el municipio cumbrero de Artenara.

 
laverdaddelanzarote.com  |  01 de Julio de 2013 (10:53 h.)
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Presentación de la investigación sobre Artevigua
Presentación de la investigación sobre Artevigua

Este yacimiento se localiza en 1996 y se encuentra situado en las montañas de la vertiente noroeste de Gran Canaria, en el poblado troglodita hoy deshabitado de Risco Caído, en el municipio cumbrero de Artenara.

Se trata de un extraordinario complejo arqueológico de carácter religioso perteneciente a la antigua población canaria, que adquiere la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria en enero de 2012, ante el interés científico y patrimonial del monumento arqueológico, el cual presentaba un precario estado de conservación.

El complejo arqueológico se compone de tres cuevas excavadas artificialmente, emplazadas en el extremo norte del poblado, que por sus características constructivas, las manifestaciones rupestres que conservan en su interior y su contenido de calendario astronómico, adquieren categoría de lugar de culto y celebración de ritos de la población aborigen canaria.

Esta compra por parte del cabildo y los estudios que se llevan a cabo por parte de Julio Cuenca Sanabria enriquecen significativamente el valioso legado arqueoastronómico de Gran Canaria. Una vez consumada la operación, esa Institución se propuso poner en valor este sitio arqueológico, llevando a cabo con carácter urgente una serie de actuaciones dirigidas a frenar el proceso destructivo que afectaba al complejo troglodita de Risco Caído, y que en una primera fase se centró en el área donde se ubican las cuevas que conforman el templo-calendario, para posteriormente extenderlo a las demás unidades del yacimiento.

Paralelamente a los trabajos de restauración y conservación, se procedió a la realización de sondeos arqueológicos en el interior y exterior del templo, dando como resultado un conjunto de hallazgos de extraordinario interés, de los que destacamos:

1. Se documentan grabados rupestres en bajo relieve realizados en las paredes interiores de las dos cuevas que conforman el almogaren, donde la figura del triángulo púbico femenino con representación de la vulva es casi exclusiva y se asocia siempre a orificios de diferentes diámetro que son interpretados como cúpulas o cazoletas, que también fueron encontradas excavadas en el suelo de toba, bajo una capa de tierra y paja compactada. Estas cazoletas presentan una distribución intencionada y llegan, como en el caso de la cueva C7, a cubrir casi toda la superficie del suelo.

2. Desde el punto de vista de la investigación arqueológica se establece una relación funcional entre este templo-calendario aborigen y lo que el mencionado investigador ha denominado como el Santuario de Risco Chapín, situado a escasos kilómetros de Risco Caído, en el Pinar de Cueva Caballero y la Montaña de Los Moriscos (1772 m.s.n.m.), en la vertiente norte del Risco Chapín, donde se emplazan los yacimientos rupestres de Cueva Candiles, Cueva Caballero y Cueva del Cagarrutal. Se trata de un complejo de cuevas excavadas, cuyas paredes interiores presentan grabados de triángulos púbicos y cúpulas. Este extraordinario complejo cultual se excavó en la vertiente sur-suroeste del escarpe que conforma la pared norte de la Caldera de Tejeda. A su vez constituyó uno de los lugares de peregrinación y ritual de los que hablan las antiguas crónicas, a donde acudía la población indígena cuando era convocada por el estamento religioso.

Sin embargo, el hallazgo más extraordinario y de alto interés es el referente al funcionamiento como marcador astronómico de la cueva C6 del templo de Risco Caído, dado que se ha podido comprobar durante esta primera fase de investigación desarrollada por Julio Cuenca Sanabria, que esta cueva artificial, dotada de una cúpula excavada a cinco metros del suelo que constituye la parte principal del almogaren, es en realidad un gran calendario astronómico que marcaba, mediante la entrada de luz solar, y lunar, a través de un conducto practicado en la cúpula, las cuatro estaciones en las que se divide el año: los solsticios y los equinoccios.

Así, durante al menos los seis meses del año comprendidos entre marzo y septiembre, en el interior de esta cueva se produce una secuencia de imágenes logradas entre la figura proyectada por la luz solar al atravesar el conducto artificial, y los grabados realizados en la pared oeste de la Cueva. El investigador principal de este proyecto, Julio Cuenca, baraja la posibilidad de que esa secuencia de imágenes que se proyecta en determinadas épocas y horas del año, en el interior de la cueva sobre el mural de los grabados, constituye en realidad un relato, una historia que nos habla de un calendario agrícola, de tiempos de celebraciones, temores o peligros que deben ser conjurados, una historia extensa, que escenifica la fecundación de la tierra, por medio de una imagen luminosa que representa un falo, que toca primero y cubre a continuación los grabados que representan el pubis femenino, que quedan enmarcados en el interior de esa imagen luminosa. Durante varios meses se repite la misma escena, que dura hasta dos horas, entre las ocho y las diez de la mañana.

En el mes de agosto, unas semanas antes del Equinoccio de Otoño, la imagen proyectada por la luz solar en el interior de la cueva, cambia radicalmente y de la forma fálica que se repetía entre los meses de marzo y agosto, se pasa a una imagen que recuerda a la silueta de una mujer de perfil mostrando su avanzado estado de gestación. Se trata de una imagen luminosa, exenta en medio de la oscuridad, siendo además una visión sorprendente. Después, durante una hora, esa imagen va transformándose en lo que parece una semilla germinada, enmarcada junto a lo que parece un rostro humano formado por varios orificios que representan la boca y los ojos, pero que con las sombras de la luz solar adquieren una expresión que estremece. Luego se transforma en un fruto que penetra en el triángulo púbico de mayor tamaño de todo el panel, para acabar introduciéndose como un foco de luz en un gran orificio a modo de cúpula que conecta con el pubis a través de un canal, por donde baja la luz solar en forma de semilla o fruto. Con posterioridad ese foco de luz sale de la cúpula y se extingue como un punto apenas perceptible en la pared, bajo el gran triángulo. Se trata de una experiencia realmente sorprendente. Las imágenes continúan proyectándose cada vez durante menos tiempo hasta que poco después del Equinoccio de Otoño, la luz deja de penetrar por el conducto de la cúpula.

Esta cueva-calendario aporta nuevas sorpresas a medida que se avanza en las investigación. Así, se ha podido comprobar recientemente como la Luna llena del Solsticio de Invierno, cuyo azimut del orto coincide con el del Sol en el Solsticio de Verano, también ilumina el interior de la cámara penetrando por el conducto y formando las mismas imágenes que durante el Solsticio de Verano.

Este proyecto continúa con una nueva fase de trabajos de restauración-conservación, el levantamiento fotográmetrico de los paños de pared con grabados donde se escenifican los eventos solares y lunares, excavaciones y prospecciones arqueológicas en todo el entorno. Estas actuaciones se encaminan a descifrar el verdadero significado de este extraordinario yacimiento, un prodigio de imaginación, conocimiento y tecnología, cuyo mecanismo de funcionamiento ha llegado intacto hasta nuestros días, siendo este factor lo verdaderamente importante, ya que es como si las personas arqueólogas del presente y del futuro se encontraran con un mecanismo que permitiera ver una película grabada por una cultura desaparecida que no dejó textos escritos. Así de sorprendente es este hallazgo.

Julio Cuenca Sanabria es arqueólogo y museólogo.

Ha sido Conservador-Director del Museo Canario entre 1983 y 1998, considerada como la etapa más prolifera de la centenaria institución, cuando se llevaron a cabo las reformas de las instalaciones con un nuevo discurso y diseño expositivo, transformando lo que hasta entonces era un gabinete del siglo XIX en un moderno museo de Arqueología e Historia Aborigen de Canarias. Durante esa etapa se creó el Servicio de Arqueología del Museo Canario, desde donde se lideró la defensa del patrimonio arqueológico de las islas. En 1990, por encargo del Gobierno de Canarias, se diseñó una estrategia para la protección, conservación y gestión del patrimonio cultural canario, documento que marca un punto de inflexión en la política sobre la conservación del patrimonio de Canarias, creándose los primeros parques arqueológicos y centros de interpretación.

A partir de 1998 inicia una nueva etapa profesional, creando una micro empresa especializada en la investigación arqueológica y la gestión del patrimonio, llevando a cabo numerosos proyectos de investigación y conservación del patrimonio.

En la actualidad dirige varios proyectos de investigación y gestión del patrimonio en la isla de Gran Canaria, en concreto:

- Proyecto de Musealización del Lomo de los Letreros en el Barranco de Balos, Aguimes.

- Proyecto de intervención arqueológica en el complejo troglodita de La Audiencia-Risco Pintado, Temisas.

- Proyecto de investigación arqueológica en Cendro, Telde.

- Proyecto del Centro de Interpretación de Artenara.

Pero sin duda uno de los más relevante de cuantos ha realizado hasta el momento es la intervención integral que dirige en el complejo arqueológico de carácter religioso, descubierto por él en Risco Caído, la legendaria Artevigua, de la que se habló en la citada conferencia.