01:50 h. viernes, 29 de mayo de 2020
Alberto Rodríguez

Sobrevivir con los ingresos de un fin de semana.

Diputado en el Congreso por Santa Cruz de Tenerife

Alberto Rodríguez | 27 de abril de 2020

Cualquiera podría pensar que nos referimos a alguien que trabaja en la hostelería o una familia que tiene un pequeño negocio, pero no.
Nos referimos a Canarias entera.

Así lo publicaba el Instituto Canario de Estadística (ISTAC) esta misma semana, con sorprendente indiferencia por parte de la sociedad canaria, medios de comunicación incluidos.
¿Qué nos cuenta el estudio? Si el Archipiélago reanuda su actividad turística después del verano, tendríamos un millón de pernoctaciones hasta diciembre. Dicho de otra manera y para entendernos mejor: vendrían a Canarias en lo que queda de año (8 meses) los mismos turistas que vinieron el año paado solo en un fin de semana.

Sí, sí, están leyendo bien, en ocho meses el mismo número de turistas que un fin de semana cualquiera del año pasado. Esto supondría una caída del PIB del 32 por ciento. En el escenario más ‘optimista’ de llegada de turistas, el PIB caería un 24 por ciento.

Repito, en el escenario más optimista.

Para que nos hagamos una idea de la magnitud del terremoto, la caída del PIB en 2008-2009 en las islas con la anterior crisis fue del 4,8%. Ahora caería un 24 por ciento, en el ‘mejor’ de los casos.

Me cuesta comprender por qué estas perspectivas no son el tema central de debate en las Islas y síi lo es el detalle de la ‘desescalada’; semana arriba, semana abajo.

Sobre todo porque el reinicio de la actividad turística no depende de cuando Canarias lo decida, depende de cuando la gente quiera volver a visitarnos, si es que tienen ganas y recursos económicos para hacerlo, y de cuando sus respectivos gobiernos lo permitan.

Realmente si que es fácil de comprender, para que engañarnos. El virus nos pone desnudas frente al espejo y algunos poderes irresponsablemente prefieren pasar página lo antes posible.

Con el actual modelo económico no tenemos ninguna influencia sobre nuestro destino como pueblo y echar las culpas de esto únicamente a influencias externas sería hacernos trampas al solitario.

Nuestro sector productivo tiene características típicamente coloniales:
Monocultivo, con todos los huevos en la misma cesta, la turística. Huevos que además los disfrutan fuera, de cada 140 euros que gasta un turista al día en Canarias, más de 100 euros vuelan a manos extranjeras (touroperación, todo incluido, etc..) y dependencia gigantesca del exterior para todo, tanto es así que hasta el gofio que consumimos lo hacemos, salvo heroicas excepciones, con cereal traído de fuera.
De energía mejor ni hablar, expertos llevan décadas aconsejando y alentando que nuestra tierra debía ser un ejemplo de generación renovable a nivel mundial. ¿Y qué nos encontramos hoy en día? Que estamos por debajo del 20 por ciento de generación eléctrica con renovables.

En la tierra del sol, alisios, volcanes y Atlántico seguimos comprando energía carísima al exterior, con lo que eso supone para nuestra salud, medio ambiente, balanza comercial y para los bolsillos de canarios y canarias, debido al elevado y absurdo coste de esa factura.
Y por supuesto, encima, presumiendo de baja fiscalidad y bajos salarios para atraer inversiones. Ofrecemos nuestra tierra para pagar pocos impuestos y salarios de miseria y después nos extrañamos de liderar los rankings de pobreza, exclusión y peores servicios públicos.

La responsabilidad de esta situación es tan evidente que no voy a gastar ni un renglón en señalarla, solo basta con pasarse por Wikipedia y consultar quien ha gobernado las islas los últimos 30 años.

La pandemia llegó y evidenció la fragilidad del modelo. Ya era insostenible cuando ‘funcionaba’: destrucción del medioambiente, fuga de capitales y grandes bolsas de exclusión y pobreza en la población, pero es que ahora demuestra su inviabilidad con toda la crudeza.

Mira que los movimientos sociales, el tejido productivo local y una parte importante del mundo académico llevan avisándolo tiempo. Mira que nos llamaron locos un millón de veces cuando lo planteamos en sede parlamentaria. Mira que nos criticaron cuando votamos en contra de las reformas del Estatuto y el REF precisamente por haber excluido todas las propuestas de cambio de modelo económico en las islas.

Que sensación más amarga la de tener razón pero no ser escuchados.

Ahora toca, ahora nadie puede mirar para otro lado. O cambiamos el modelo o muchos miles de canarios y canarias tendrán que coger la maleta, no hay más opción.
Asumamos que el consumo externo se desploma y protejamos el consumo interno mediante un ingreso suficiente y estable para la población o tendremos neveras vacías, emigración y destrucción del tejido económico de autónomos y pequeñas empresas.

Desde el guachinche, pasando por la floristería familiar que le vendía a los hoteles, hasta la diseñadora gráfica que trabajaba desde su casa por encargo. Nadie quedará a salvo si cae aún más el poder adquisitivo de las clases populares.

Si no ponemos en valor los cuidados y los servicios públicos es que no hemos aprendido nada de la terrible pandemia. Poner en valor no significa solo aplaudir (que es un gesto muy bonito), significa dotar de recursos a Sanidad, Educación, Investigación, Servicios Sociales.

Ya tenemos claro que el dinero destinado a lo público no es un gasto, son inversiones en salud y vida, son inversiones que nos hacen grandes como pueblo. Significa aflorar muchos empleos que hoy en día ni se reconocen ni se remuneran y que son principalmente realizados por mujeres.

Cuidar de personas mayores, dependientes o de las chinijas de la casa es un trabajo enorme, pues ya es hora de que sea también un empleo. Con dignidad y con derechos, ganaremos todos y todas.

¿Qué mejor momento que ahora para rehabilitar y modernizar la planta hotelera? Para hacerlos más eficientes energéticamente, adaptarlos a las renovables y mejorar la calidad del destino turístico. Para adaptarnos a un turismo cada vez más especializado, para distribuir la riqueza producida generando empleo en nuestra tierra.

Con el aumento del desempleo en el sector de la construcción seguro que hay miles de profesionales que están pensando exactamente lo mismo.

Canarias debe aumentar el peso de la industria en la generación de riqueza, por motivos desgraciadamente obvios estamos a años luz del 20 por ciento sobre el total del PIB que marcaba la Unión Europea para este mismo año 2020.

Cojamos el tren de la digitalización y robotización sin complejos. Apoyemos decididamente desde la colaboración público-privada la industria del software, videojuegos, gestión de datos, destinos inteligentes, etcétera. ¿Por qué no? Tenemos talento de sobra, infraestructuras y seguridad jurídica para hacerlo.

Y por supuesto el sector primario, ya nunca más se usará mago o maúro de manera despectiva, ya sabemos que cuando las cosas se ponen feas cada finca plantada es un tesoro.

Cada persona que trabaja en el campo, en el empaquetado, en la manufactura, o en un mercado canario es esencial para nuestro pueblo.

Apostemos por acercarnos a la soberanía alimentaria de las islas, a la producción y consumo local, modifiquemos las ayudas a la importación de productos para que nuestro campo no se muera.

Para todo esto hacen falta recursos y los tenemos, los que más riqueza acumulan deben pagar impuestos de forma progresiva como todo hijo de vecino.

Las herramientas de evasión fiscal legal, demostraron que no traen nada bueno a nuestra tierra, que solo generan paro, precariedad y un modelo económico muy frágil, extremadamente dependiente del exterior. Y ahí hay mucho dinero, muchísimo.

El presidente de Canarias declaró hace unas semanas que solo en el último año, una de estas herramientas de evasión fiscal legal para los más ricos, la RIC, dejó sin materializar 1.200 millones de euros. Esto es a todas luces absurdo; injusto por supuesto, pero absurdo económicamente hablando, también. Nunca se debió permitir, pero ahora menos todavía.

En definitiva, hay salida.

Pero requiere valentía y entender que las instituciones públicas y el conjunto de sectores de la sociedad canaria debemos responder con contundencia histórica a la nueva realidad. Es cuestión de vida y futuro o de pasado y penurias. Si triunfan la cobardía, la inercia o la salvaguarda de determinados intereses particulares, Canarias estará condenada, una vez más, a la insular miseria y la emigración.
La diferencia con anteriores ocasiones, es que puede que no haya a donde ir con la maleta.

Otros autores
Facebook