00:02 h. jueves, 11 de agosto de 2022

Fragilidad del campo

| 19 de mayo de 2013

 

Esta isla estuvo cubierta de agricultura y de ganadería. De ahí, una muy rica cultura, surgida al amparo del sector primario. Pero esta isla sufre, un deterioro en este sentido sin precedente, y se vuelve a épocas de cuando no estaba poblada, salvaje, sin control. A los políticos esto no les preocupa absolutamente nada, es lo que querían y lo están consiguiendo poco a poco. Todo se rompe. Los efectos son catastróficos, están por verse. Se viraron hacia el turismo, en exclusividad, y a pesar del abandono de éstos siguen como si siguieran viniendo igual, esperando contra toda esperanza, y sin mirar al campo, el mismo que se abandonó por el turismo; ahora sin turismo, no vuelven al campo. No te hablan del campo, sino del mar, del petróleo (no de pesca, ni menos de ganadería o agricultura). Amenaza ruina total, y no dan marcha atrás. No quieren volver al camino inverso, marcha atrás, y recuperar lo que siempre hubo y fue esta isla, y la huella está en esos surcos y acequias que llenan la isla de mar a cumbre, y a la redonda. No quieren el campesino permanezca en su medio, en su hábitat; no quieren vincularnos a la comida y al trabajo que daría fin al paro y a la crisis. No quieren salir del turismo decadente y fracasado, ido y que no vuelve. En 1950, dejamos de ser campos de trigo y de ovejas, para ser campos de pinos y tabaibas, retamas y basuras. Y todavía siguen en ese mismo plan, caduco y sin sentido. El gobierno, tiene controlado el campo, y no dejan hacer nada en él. Y pensar tenemos recursos naturales que darían comida incluso para exportar, y lo importamos todo, todo. No producimos nada. Nos hemos quedado sin economía, al no producir nada. La vida en el campo, se hace imposible, muy difícil; te multan por cualquier cosa, por más que normal sea y no delito, como levantar una piedra o plantar un árbol frutal. Todo nos llega por barco, y todo es muy caro, y malo. Las casas se vacían. Los campesinos, son una especie a desaparecer. Sufren el acoso del cabildo que les echa al miedoambiente y al seprona, para que les castigue con multas inconsideradas ( a algunos por no poder pagarlas, se han suicidado). Se pierde el campo, y el campesinado, con todas sus riquezas. El campesino antes trabajaba; ahora, está sentado, maniatado, castigado. Se le prohíbe hacer algo, no puede ni tener un animal, no puede. El campo ha cambiado, en lugar de plantar, ahora es pista de carreras, de coches y de atletas (de personas). Está desapareciendo -rotos los ciclos- la flora y la fauna. Ya no quedan cuervos, solo se multiplican libres las retamas y las tabaibas que colonizan todo el suelo libre de pinos. Es una desgracia enorme, sin medida. Una ruina total. El campo tenía vida, era vida, ahora solo hay muerte, es muerte, desierto verde. Sobrevuelan el campo helicópteros que fotografían todo y multan después. Nada ni nadie se mueve en el campo, solo los del cabildo, seprona y miedoambiente, entre otros uniformados; campesinos, no se ve ni uno. Todo ya es silencio en el campo. Solo queda antiguas paredes de siembra, convertidas en bancales de retamas, tabaibas y pinos que las tapan. Leyes que prohíben hacer nada en el campo, está todo prohibido. Todo está protegido; menos el campesino, que es multado por nada. Toda la comida que se compra donde sea viene de fuera, nada es de dentro, nada producimos, nada es de aquí (aunque nos engañan diciendo es de aquí, pero el gofio –por ejemplo es francés y es argentino [hecho aquí]). El peligro que amenaza al campo, es de desaparición total. Arrasan con todo, no va a quedar nada. El futuro, es más que negro, es muerte.

 

El Padre Báez.

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