23:36 h. sábado, 28 de mayo de 2022
Isidro Santana León

Hay que pasar de la estrategia ecologista al hecho colonial

Comentarista de Opinión

Isidro Santana León | 20 de julio de 2013

 

Esgrimir solo razones medioambientales contra las extracciones petrolíferas, le da pábulo al colonialismo español para que se considere con derecho en el controvertido asunto que denunciamos, ya que se bordea la médula del problema, como es la ilegalidad que comete un Estado al saquear los recursos de una nación que está fuera de su jurisdicción marítima, tal es el caso de Canarias. A mi forma de entender, la auténtica solución pasa por interpelar y denunciar esta arbitrariedad del Gobierno español en los tribunales internacionales pertinentes, pues lo que intenta la Metròpoli en las Islas Canarias es un caso incontestable de injerencia, violación de la soberanía y del derecho que Canarias y su pueblo legítimamente tienen a decidir y disponer, si lo cree oportuno, lo que ha de hacer con sus recursos: explotarlos o dejarlos como reserva estratégica. España va a sacar el petróleo canario, no porque la ampare la legalidad internacional, sino porque acordará con Marruecos –no olvidemos que todas las cuadrículas están en la Zona Económica Exclusiva de este país– algunas contraprestaciones políticas, económicas y comerciales, a cambio de que el reino alauí le dé los permisos a REPSOL, porque jamás renunciaría Marruecos a su soberanía dejando que las extracciones se hagan bajo titularidad española. El viaje del Borbón y su séquito de mamones en estos días al país magrebí tiene como finalidad estas negociaciones, aunque Belicoso Soria niegue que se haya hablado algo sobre el petróleo, pues para discutir de fútbol no creo que hiciera falta arrastrar con la cohorte de ministros y ex-ministros de asuntos exteriores y demás  políticos y diplomáticos de España –está visto que el dinero público sobra para viajes, protocolos, comilonas y otros dispendios, mientras los niños canarios mendigan el bocadillo en los comedores escolares–, todos experimentados corruptos en pasar de lo público a lo privado, una vez consumados sus ejercicios gubernamentales, que no han sido otros que compensar a banqueros y constructores por los socorros prestados para llegar a los gobiernos. Aunque son conjeturas, tal vez se le haya ofrecido a Marruecos el incremento de sus exportaciones a Europa –en detrimento de los agricultores canarios y españoles– o posicionarse en el asunto del Sahara del lado de Marruecos –entonces verá el POLISARIO que arrastrarse ante su antigua metrópoli en detrimento de Canarias no les valió como estrategia– y es muy probable que, como herencia, alguna lacra más nos deje el Borbón antes de que la palme. Los grupos ecologistas, los colectivos ciudadanos y toda la sociedad canaria en general, debe presionar al Gobierno de Canarias mediante movilizaciones constantes y contundentes, para que saque este asunto de los tribunales coloniales españoles –éstos son parte indisoluble del sistema colonial, de sus intereses y desmanes– y ponga la cuestión de Canarias directamente en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Si el pueblo canario tiene la gallardía, el interés y convencimiento de que nuestra sociedad puede cambiar y prosperar, hemos de levantarnos y poner contra las cuerdas al Gobierno de Canarias, para que proceda con esta exigencia social en el marco de las Naciones Unidas, al que no le quedará más remedio que tirar por donde le ordene la gente o acarrear con las consecuencias de su deslealtad y traición a Canarias. El pueblo canario debe saber que España es un reino que no tiene futuro, que toda su historia la señala como una tirana que condena a los pueblos al hambre, la miseria y la muerte, mientras sus monarquías, aristocracia y todo miembro de su estructura de poder, han vivido parasitariamente de las sangre de sus siervos y de la rapiña de sus recursos. España está en banca rota porque las castas mencionadas anteriormente han administrado el Estado para sus propios fines y beneficios, embaucando e implicando a los trabajadores y a los más desfavorecidos en el pago de la deuda de su latrocinio. Lo cierto es que esa deuda es impagable con la productividad del Estado, aunque sigan engañando a la gente con la salida del túnel o los brotes verdes, por lo que pasarán muchos años durante los que las víctimas de su codicia y criminalidad irán pereciendo de forma inexorable.

Nunca le importó a la empresa España los seres humanos y menos le importa ahora que los ricos quieren seguir manteniendo sus prebendas y privilegios. El gobierno de Canarias podría cuestionar y negarse a pagar la parte de la deuda que dicen que tiene Canarias –sé que es mucho pedirle a una banda de lacayos– ya que una colonia no tiene potestad para endeudarse, porque carece de soberanía en todos los aspectos, y quien no puede decidir tampoco debe pagar: el pueblo canario no ha creado deuda alguna, ya que, por el contrario, han robado a nuestra patria lo indecible. La deuda es exclusiva del colonialismo español y son los tiranos que lo han administrado quienes tienen directa responsabilidad… ¡que pague con sus palacios, con sus haciendas, con sus tierras, con todas sus ilegales fortunas y con las escandalosas cantidades de dinero defraudado al tesoro público y que está a buen resguardo en los paraísos fiscales! La vieja Europa tiende a convertirse en una región de servicio, porque su economía productiva no puede competir con las potencias emergentes que fabrican sus productos en el tercer mundo, países éstos que comienzan a entrar vía de desarrollo. Sin embargo, la nación canaria tiene grandes potencialidades y posibilidades, siendo inconcebible que nuestro pueblo mire contemplativo cómo se genera y circula ingentes capitales en nuestro archipiélago, mas, pusilánime, deja que le extraiga el alma cuando podríamos ser un Estado, con total seguridad y, a diferencia, más próspero que España.

Canarias puede sacar la cabeza de debajo del Océano Atlántico y mirar a África y al mundo para ofrecerle mucho más de lo que algunos ignorantes creen; no obstante, si queremos emprender esta andadura hacia el futuro y la prosperidad de nuestro pueblo, tenemos que romper la cadena que nos ha puesto la abusadora y estafadora España, para experimentar que sin grilletes nuestra velocidad para convertirnos en una potencia era inimaginable. La lucha por la preservación del medio ambiente es de vital importancia, pero la clave de nuestro éxito radica en internacionalizar el problema desde nuestra realidad colonial. No hay otra salida. España será siempre una empresa mafiosa –es algo que está arraigado en sus genes– y nunca cambiara su tiranía por la humanización pero, Canarias, puede ser libre, prospera, humana, solidaria y honorable, siempre que los canarios nos atrevamos a querer cambiar esta calamitosa realidad, quitándonos esta rancia enfermedad de encima. Seis siglos de colonialismo es mucho, ¡salgamos a la calle!, ¡gritemos nuestra colonialidad! –ésto nos lo sugirió Unamuno cuando su exilio en Fuerteventura– y exijamos nuestra independencia: es un derecho reconocido que tienen todos los pueblos del mundo. El nuestro no es menos y, con total seguridad, sería más rentable caminar con nuestra soberanía nacional que seguir dependiendo políticamente de un reino insolvente, vetusto, decrépito y opresor.

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