08:49 h. Sábado, 20 de julio de 2019
Padre Báez

Ya no hay pies en los surcos, ni manos en la mies

Sacerdote y escritor

Padre Báez | 15 de junio de 2019

Ya no hay pies en los surcos, ni manos en la mies. Se caen y rompen cercados y cadenas. El sol ya no madura trigos, ni la lluvia riega sembrados.

Vivimos del fútbol y de los perros, embobados. La yerba no se la comen las cabras, el campo se está vaciando. Los caminos y senderos se pierden entre la maleza. Nadie encorvado segando sementeras y cosechas. Nos faltan comidas y trabajos, y cada vez la tierra más lejos. Frutos de árbol alguno nada podemos coger, a no ser pinocha que la isla rebosa.

El cabildo aborrece las cabras y las atacan y matan. Nadie sale a socorrernos de estas más que graves situaciones. Los campesinos huyen asombrados de los del Medio Ambiente, por sus prohibiciones y multas. El pueblo poco a poco desfallece, sin darse cuenta.

Los ancianos se llevan a las tumbas experiencias y ciencias de siglos, desaparecen. Los políticos –todos- nos entregan a las importaciones de todo (nada producimos). ¡Y dimos de comer al mundo hasta hace medio siglo!

Los citados han dado las espaldas al sector primario (agricultura y ganadería). Se borra nuestra identidad, esencia, filosofía... Cada vez, más difícil sostenernos. Son unos ladrones -más allá de los bienes materiales-, de la Historia, de las tradiciones, de la canariedad... Y el pueblo, no se levanta.

¿Dónde el toro, el burro, la oveja...? ¿Cabe mayor desgracia? Y siguen, los que nos han traído a todo esto, a la ruina total. Ruina, además de la material, también la espiritual. Mudo el campo, ya nadie canta. ¿Y quien nos libra de ésta? Solo hay dolor reprimido.

Hemos perdido la libertad. No encontramos salida. Andamos con cabeza baja. La tierra se llena de pinocha. No se oyen ya balidos de ganados. Nos oprimen cada vez más. Nos plantan pinos por olivos. Se acaban ovejas y vacas (y el cabildo matando las cabras). Los Medios de Comunicación no nos muestran la realidad. No hay paz... Falta alegría. Desesperanza (por cuatro años más). El agua, nos llega al cuello... Serpientes por pájaros... Si no volvemos... (sigan ustedes, mis amigos).

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