12:06 h. Martes, 10 de diciembre de 2019
Ramón Moreno Castilla

DESDE AQUÍ ENFRENTE: ¿TIENE MARRUECOS UN DÉFICIT DE COMUNICACIÓN?

Escritor y experto en el Derecho Marítimo Internacional

Ramón Moreno Castilla | 12 de octubre de 2019

En mi modesta opinión, si. Un déficit de comunicación, que no de información; porque en el Reino de Marruecos existe absoluta libertad de información y expresión consagrados en su moderna y modélica Constitución de 2011 mayoritariamente votada por el pueblo marroquí, tal como corresponde a un auténtico y verdadera  Estado de Derecho donde se respetan escrupulosamente los DD.HH, el juego político y las libertades inherentes a una efectiva democracia.

Téngase en cuenta que Marruecos al igual que España, y otros países europeos, es una moderna y consolidada Monarquía Parlamentaria, donde las egregias figuras de ambos Jefes de Estado, los dos Reyes VI, Mohamed VI y Felipe VI tienen un status especial que preserva la inviolabilidad, el honor y la intimidad de la Corona. Otra cosa es que las Casas Reales de los dos países despierten siempre cierta curiosidad en la población, ávida de noticias de sus miembros y de sus actuaciones y actividades que siguen puntualmente en los diferentes medios de comunicación.

Pero lo que es de todo punto intolerable e inadmisible es la información tendenciosa y manipulada sobre la Casa Real de Marruecos y sus miembros, y todo lo que concerniente a una Institución tan querida, arraigada y respetada como es el caso de la Monarquía Alauita. No se entiende que, en aras de una supuesta libertad de prensa, muy sui géneris, la mayoría de la prensa española, no solo la llamada “prensa rosa”, se haga eco de ese tipo de informaciones atentatorias y lesivas contra la honorable figura del Rey Mohamed VI, aprovechando la ausencia, por fuerza mayor, del Monarca marroquí en las exequias del Presidente francés recientemente fallecido, Jaques Chirac, gran amigo de Marruecos.

Pues bien, la ausencia del Soberano marroquí a las honras fúnebres del ex mandatario francés por una repentina enfermedad, dio lugar a toda clase de especulaciones y comentarios maliciosos y malintencionados por parte de diferentes medios españoles que se dedicaron a magnificar la enfermedad del Rey, como si Mohamed VI no fuera una persona de carne y hueso y, por ello, estar expuesto a contraer una  enfermedad como cualquier mortal, por muchos cuidados médicos que tenga.

Máxime, cuando el Reino de Marruecos estuvo perfectamente representado en París por la entrañable figura del Príncipe Heredero, Moulay Hassan, como era lógico en ausencia de su padre.  Lo cual es práctica habitual en las Monarquías, que ante la imposibilidad de asistir el Rey a un acto de la índole que sea, siempre le sustituye el  Heredero de la Corona. Como ya ocurrió precisamente en abril de 1974, cuando el entonces Príncipe heredero Sidi Mohamed, actual Rey, fue enviado por su augusto padre el fallecido Rey Hassan II a los oficios religiosos celebrados en la catedral de Notre Dame en País en memoria del presidente francés George Pompidou.

Lo cierto es, que en los largos años que llevo visitando este país, y ahora viviendo aquí, no he visto jamás que los diferentes medios de comunicación marroquíes hayan publicado o publiquen noticias manipuladas y tendenciosas contra el ahora Rey emérito Juan Carlos I, ni contra el actual Rey Felipe VI. En este sentido, y como si fueran correas de transmisión de “lobby” pro argelino y pro Polisario, diferentes medios españoles impresos y digitales se han dedicado a difamar y a intentar ridiculizar al Rey Mohamed VI con imágenes y comentarios poco edificantes y atentatorios contra la dignidad y honorabilidad del Soberano marroquí, como pretendiendo desestabilizar a la Corona.

Con la particularidad, y todo hay que decirlo, que la Monarquía Borbónica española no fue plebiscitada; mientras que la Monarquía Alauita marroquí está presente en el País desde el siglo XV cuando ya actuaba como Estado independiente, y su fundador Moulay Ali Cherif y sus sucesores tenían como meta la reunificación de Marruecos. Moulay Ismail, tras largas batallas constituyó finalmente el Imperio de Marruecos que se extendía hasta Senegal; estableciendo relaciones diplomáticas con Luis XIV de Francia y James II de Inglaterra.

Y no es que yo pretenda, ni siquiera remotamente, ser más marroquí que los propios marroquíes, pero como amo y respeto profundamente a este país (cuna de los aborígenes canarios, como está demostrado científicamente) echo de menos que en Marruecos no se salga al paso de esa orquestada campaña de descrédito y difamación de la que es objeto el Jefe de Estado marroquí, el Rey Mohamed VI.

Porque al final da la impresión, como dice el viejo refrán, que el que “calla otorga”. Téngase en cuenta que una vez que el Reino de Marruecos se reincorporó en 2017 a la actual Unión Africana (UA), Institución de la que fue cofundador en 1963, cuando era la OUA, y que abandonó en 1984, como rechazo a la admisión en dicho Organismo de la fantasmagórica RASD, aprobada por 26 Estados africanos a instancias de Argelia; se puso de manifiesto que fue un gran error haber abandonado la Organización Panafricana, y que la política de “silla vacía” no fue la más adecuada.

Y yo que no soy monárquico, pero que respeto profundamente a esta señera Institución, tengo que poner en valor el poder estabilizador e integrador de la Monarquía marroquí. Pues como digo en mi libro: “Mohamed VI, Paladín del Panafricanismo. El regreso de Marruecos a la Unión Africana”, Canarias e Book, 2017: <<Sabios son los países como Marruecos que cuando llega la hora de los cambios los materializan; pero no destruyen sino que adaptan sus antiguas y acreditadas instituciones. Todo nuevo orden lleva implícito que el país no se paralice, que siga funcionando, lo que requiere estabilidad y conjugación de las nuevas instituciones  políticas con las antiguas; concretamente envejecer las segundas y modernizar las primeras.

Decía la prestigiosa revista francesa Le Point, que “Marruecos es hoy en día un paraíso de tranquilidad en un mundo árabe que parece no haber digerido su ‘primavera’, donde las instituciones son las que mejor se están adaptando al reto de conjugar tradición y modernidad, autoritarismo y respeto de la voluntad popular y lo que es más difícil sin duda: islamismo político y democracia”. Porque aquí en Marruecos ciertamente no todo es bonanza y son muchos los desafíos, ya sea la mejora del nivel de vida de la población, la sanidad, los servicios sociales, la sanidad, la educación o la transferencia y eficacia del sistema judicial>>. Y ahí está la reciente remodelación gubernamental tutelada por el Rey Mohamed VI encaminada a consolidar los objetivos socio económicos y otros establecidos por el Monarca y dirigidos al desarrollo y bienestar de su pueblo.

Pero lo que no se puede negar, es que Marruecos de la sabia mano de su Rey Mohamed VI es actualmente un país pujante, en vías de desarrollo, con plena seguridad jurídica y lugar de establecimiento y localización de importantes empresas de todo el mundo, atraídas por su atractivo código de inversiones; y que han hecho que este país ocupe el merecido lugar que le corresponde en el continente africano y en la Comunidad Internacional, logrando ser el auténtico hub de África por sus magníficas infraestructuras aéro-portuarias, sus fluidas comunicaciones y sus cualificados cuadros dirigentes.  La misma revista  Le Point en su número 2445 de julio pasado, titula en portada con grades caracteres tipográficos: “Maroc: La nouvelle puissance” (Marruecos la nueva potencia). 

Marruecos, pese a las buenas relaciones hispano-marroquíes -hasta el extremo de que España ha sustituido a Francia como primer socio comercial- no es, en la práctica, y lejos de convencionalismos diplomáticos e  intereses de Estado, el socorrido y recurrente Vecino del Sur; pues como contempla el Eje defensivo Baleares-Estrecho-Canarias, para este dispositivo táctico el enemigo viene del Sur. Enemigo, que de forma inducida se ha extrapolado a Canarias  entorpeciendo las necesarias e imprescindibles relaciones de amistad y cooperación entre Canarias y Marruecos con todo lo que ello ha implicado. Recuérdese que el Frente Polisario, con la anuencia de España, ha hecho de Canarias una especie de santuario; gozando de absoluta libertad de movimientos en todas las Islas y haciendo propaganda contra la integridad territorial de Marruecos, de la que se hacen continuo eco los diversos medios de comunicación canarios tanto escritos como audiovisuales y digitales.

A Canarias, por tanto, se la hace partícipe de una supuesta enemistad  y del larvado e histórico contencioso hispano-marroquí, lo que no le conviene en absoluto.  De ahí la indisimulada animadversión que despierta Marruecos en amplios sectores de la población canaria  y la reticencia del tejido empresarial de las Islas en querer participar en el desarrollo del Sahara, las provincias del Sur; cuando, por ejemplo, la misma Andalucía participa con el beneplácito de España en el desarrollo del Norte del país. ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué Andalucía si, y Canarias no?

En este contexto, da la impresión de que nadie quiere enterarse de la, por otra parte privilegiada, posición de Canarias en el mapa; obviando el hecho de que el factor geográfico es determinante en el Derecho Internacional Contemporáneo. Poniendo de relieve, guste o no, que Canarias es un Archipiélago costero africano a escasos 96 km (59,65 millas marinas) de las costas Occidentales de Marruecos; y que, salvo las Islas de La Palma y El Hierro, el resto del Archipiélago canario está dentro de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) marroquí, instituida mediante Dahir de 8 de abril de 1981. En lo que tampoco se repara es en el hecho, no menos importante, de la continuidad  geo-física que argumentan destacados juristas marroquíes para concluir que Canarias está situada en lo que sería la prolongación natural de la Plataforma Continental de Marruecos; que como ha reiterado el TIJ de La Haya, en otras tantas sentencias, es un derecho ipso iure y ab initio del Estado costero, en este caso Marruecos.  

AGADIR, 11 de octubre de 2019                       RAMÓN  MORENO  CASTILLA

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