02:58 h. viernes, 29 de mayo de 2020
Ramón Moreno Castilla

¿De qué vamos a vivir?

Escritor y experto en el Derecho Marítimo Internacional

Ramón Moreno Castilla | 08 de mayo de 2020

La frase manida, repetida hasta la saciedad, "de qué vamos a vivir" con la que siempre ha respondido España a cualquier reivindicación soberanísta, o al deseo lógico y razonable de los canarios de emanciparnos de la metrópoli para construir nuestro propio futuro en paz y prosperidad, no ha sido gratuita ni improvisada.
España sabía lo que decía; porque su infame y canallesca política colonial, perfectamente planificada, contemplaba el desmantelamiento progresivo de nuestro sector primario, de las pujantes industrias conserveras de pescado, de la industria agroalimentaria, y en suma de todo el aparato productivo en su conjunto (actualmente en manos foráneas); inclusive, de nuestras emblemáticas Cajas de Ahorros (absorbidas por entidades financieras españolas), para así convertirnos en una economía subvencionada, en un encorsetado mercado cautivo donde todo se importa; y, sobre todo, depender exclusivamente del monocultivo del turismo. Un modelo extractivo y en manos de los tours operadores extranjeros y de las cadenas hoteleras españolad. Lo que nos condujo hacia una dependencia suicida, como ya he denunciado, y que nos ha traído a este punto sin retorno en el que ahora estamos. Salvo, que demos un giro de timón de 180 grados para revertir la situación cuanto antes, por nuestra propia supervivencia. Además, el colonialismo español, intrínsecamente perverso, es un abominable crimen de lesa humanidad y el pueblo canario, que es la víctima de ese holocausto, no va a ser al mismo tiempo cómplice de su propia destrucción por un mal asumido "Síndrome de Estocolmo".
Ha llegado el momento de poner encima de la mesa lo que hay que poner, y exigir con absoluta determinación y firmeza los intereses de Canarias. Los sagrados e inalienables intereses de Estado de la próxima República Federal Canaria, en pura praxis del Derecho Internacional cuya Legislación nos ampara claramente. Veamos:
Los llamados en la nomenclatura internacional "intereses de Estado", que, en el caso flagrante de Canarias, son los espurios intereses coloniales de España al mantener a toda costa la posesión de un territorio de ultramar en África, "adquirido" por la fuerza de las armas, no siempre se corresponde con la Doctrina y los Preceptos del Derecho Internacional, tantas veces conculcados por la misma España, que actúa en la práctica como un auténtico "Estado forajido", al margen de la Ley, incumpliendo sistemáticamente los mandatos de la ONU, como la Resolución 1514 (XV) del Comité de Descolonización vigente, y los Tratados Internacionales que suscribe, haciendo caso omiso de la legalidad internacional.
Ahora bien, hemos de considerar que los "intereses de Estado" son consustanciales con la defensa a ultranza -no siempre con razón- de una "cuestión de Estado". Y llegados a este punto, procede afirmar que Canarias es "de facto" una "Cuestión de Estado" para los canarios, y los "intereses de Estado" son, precisamente nuestros propios intereses, pese a ser todavía una "nación sin Estado".
No obstante, conviene preguntarse qué "intereses de Estado" suscita y, al mismo tiempo, concita Canarias? O dicho de otra forma: para quién o quiénes es Canarias una "cuestión de Estado"? Es Canarias una "cuestión de Estado" para España?
Lo es, acaso, para Marruecos?
En cualquiera de los casos, o en ambos, lo cierto es que Canarias está en medio; inerme, sin reaccionar, y ahora mismo sumida en un profundo caos social, político y económico de una magnitud sin precedentes en nuestra historia contemporánea.
Por el Norte, en el flanco Sur de Europa, está España a la que permanecemos uncida por "derechos de conquista", que no quiere saber nada de nuestra descolonización, y que se quiere apropiar de nuestros recursos marinos localizados al Suroeste de la isla de El Hierro; y por el Suroeste, precisamente, de Canarias está Marruecos en cuya ZEE ampliada legalmente está englobado todo el Archipiélago canario.
Ante esta realidad incontestable, los canarios estamos ante un imperativo "test de supervivencia" con el cual la historia nos pone a prueba, en una tesitura que tendremos que afrontar si, o si, so pena de desaparecer como pueblo de la faz de la tierra.
Aquí no hay otra alternativa de futuro para Canarias: o seguimos siendo una denigrante colonia española (vestida con el ropaje carnavalero de Comunidad Autónoma y de RUP; o nos constituimos cuanto antes en un Estado Archipelágico, libre y soberano, sujeto de Derecho Internacional; o somos un "Archipiélago de Estado" marroquí.
En puro pragmatismo, y en aras de nuestros propios intereses y supervivencia, cual de las tres opciones interesa o conviene a Canarias? Esa es la vital y gran decisión que tenemos que tomar!!!
Para ello debemos analizar objetivamente esos tres escenarios de futuro. En primer lugar tenemos que constatar que España es un país poco fiable; no solo ha salido malparada de todos los territorios que conquistó por la fuerza de las armas (sin descolonizar ninguno), sino que tuvo la vileza, dada su política mercantilista, de comerciar con sus colonias. Y ahí está el Tratado de París de 10 de diciembre de 1898, que puso fin a la guerra hispano-norteamericana con la independencia de Cuba; mediante el cual España vendió a los Estados Unidos, por 20 millones de dólares de la época, Filipinas, Puerto Rico e Isla de Guam.
Tratado de París que, por otra parte, significó el ocaso del otrora imperio español y que dio lugar al "síndrome del 98" por la perdida de las colonias; patología que todavía padece el pueblo español, aquejado de un "eclipse total de Sol".
España, por tanto, claudicó ante los EE.UU dado el temor que suscitaba que el conflicto se trasladará a esta parte del Atlántico y se pusiera en peligro las Islas Canarias y demás posesiones en África: el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial.
España también abandonó a su suerte a los habitantes del Sahara, con DNI (que no ADN!) español al salir huyendo de su "provincia" como consecuencia de la Marcha Verde de 1975 (con lo que Marruecos recuperó sus Provincias del Sur); circunstancia que convirtió a Canarias en una virtual "región frontera".
En esta gravísima coyuntura económica, cuando se está conformando un nuevo orden internacional, y se viene abajo el "sistema-mundo" que elevaba a los altares a los mercados; y dónde las calificaciones de Standar & Poor's (E&P) y otras agencias de calificación dispararán las primas de riesgo y se producirá una orgía económica- financiera; España debe desprenderse de este "activo tóxico" que es Canarias, "dado lo oneroso que resulta para las arcas el Estado español mantenerla".
En ese preciso instante, llegaría el momento del tan deseado e inaplazable del futuro Estado Archipelágico Canario, del que ya he escrito de forma exhaustiva, por lo que paso directamente al tercer escenario, Marruecos; ya que por mucho que nos quieran remorcar hacia arriba estamos donde estamos y esa es una realidad inmutable.
Porque no es sólo una cuestión de "solidaridad geofísica" que argumentan destacados juristas marroquíes como el príncipe Moulay Abdallah y Abdelkader Lahlou (verdaderos artífices de la Legislación Marítima de Marruecos y profusamente citados en mi libro, "Canarias lo tiene Crudo", Editorial Bilenio 2014, a propósito de las prospecciones petrolíferas al Este de Fuerteventura), cuando sostienen que "las Islas Canarias están situadas en lo que sería la prolongación de la Plataforma Continental de Marruecos"; que como repetidamente ha establecido el TIJ de La Haya, insisto en ello, es un derecho "ipso iure" y "ab initio" del Estado costero.
Existen además importantes relaciones comerciales antiquísimas entre Canarias-Marruecos- Canarias como tiene documentado el prestigioso catedrático canario de Historia Moderna por la Universidad de Barcelona y ex Rector de la ULPGC, Manuel Lobo Cabrera.
Fue "perversa" la Madre Tierra al colocarnos en el mapa al lado de Marruecos, a escasos 96 Km (59,65 millas marinas) de sus costas occidentales y convertirnos en un "Archipiélago costero?
Así que, manos a la obra, que ya se acabó el tiempo de los colaboracionistas, timoratos y pusilánimes. Ha llegado, por fin el momento de Canarias. Y si ya se oyen timidas voces (que con el tiempo será un ensordecedor clamor popular) de "desafección" y de que esa llamada "Marca España" nos perjudica; yo añado que esa "ganadería" es nociva para Canarias, donde nunca nos han gustado los toros...y mucho menos las panderetas.-
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