00:00 h. domingo, 05 de febrero de 2023
silencio

Silencio en el campo

 

-        ya no se oye nada en el campo: está muerto

-        ya la esposa no llama al marido que cuida de la tierra venga a almorzar

-        ya no se oyen las cencerras de las ovejas y cabras

-        ya no croan las ranas

-        ya no se escucha el graznido de los cuervos

-        ya no se oyen a los pájaros canarios, ni a los otros

-        ya no rebuzna el burro

-        ya no relincha el caballo

-        ya no muge la vaca

-        ya no gruñe el cerdo

-        ya no cacarean las gallinas

-        ya nadie silva en el campo

-        ya nadie canta al sembrar

-        ya nadie canta la tabla de multiplicar

-        ya nadie canta en al trilla

-        ya nadie canta segando

-        ya nadie canta pastoreando

-        ya nadie canta

-        ya no se oye hablar gritando al que está lejos en al faena

-        ya nadie canta arando

-        ya no se escucha al hacha cortando leña

-        ya nadie canta en la trilla

-        ya no se oye el crepitar del fuego en el fogal

-        ya no se escucha, ni siquiera al viento

-        ya no se oye el canto del agua en el riego, por las acequias

-        ya las madres no cantan el arrorró mi niño chiquito

-        ya no cantan las mujeres en el lavadero

-        ya no se oyen los grillos, ni la cigarra

-        ya no se escuchan conversaciones del tiempo, ni criticando al vecino

-        ya no se oye rezar de tarde / noche en el patio

-        ya no se cantan serenatas

-        ya nadie canta por los caminos

-        ya nadie canta en sus casas

-        ya no se oyen el murmullo de nada

-        ya ni se escucha el silencio

-        ya no se oyen a los niños jugar

-        ya no se oye ni estornudar

-        ya no se escucha la radio de lejos

-        ya no se oye el paso de nadie

-        ya no se oye cantar: “¡fuego, fuego...!

-        ya no se oye el renguear de los camiones

-        ya no se escuchan los motores de los pozos

-        ya nadie hace ruido en las escuelas vacías de los pueblos y aldeas

-        ya no se escuchan ni las campanas a muerto

-        ya no se oye y goza la Misa como antes

-        ya no se oye a nadie por las calles

-        ya nadie habla y hace cuentos en las guaguas

-        ya nadie dice nada

-        ya no se oyen canciones mejicanas

-        ya no se oye el goteo del agua

-        ya no se escucha la Palabra

-        ya no se oyen las bocinas de los barcos

-        ya no se escucha el coger las hojas de las cañas

-        ya no se oyen pasos de nadie

-        ya nadie pide agua por las casas para beber de camino

-        ya nadie pide un plato de comida a pesar del hambre

-        ya nadie escucha a nadie

-        ya –creo- ni se escuchan a sí mismos nadie

-        ya no se oye ni a la propia conciencia

-        ya no se escucha sino gritar, como locos: “¡gol, gol, goooooool...!”

-        ya no se atiende a la voz de la experiencia, la de los abuelos

-        ya las madres no riñen a su único hijo, ni lo enseña

-        ya ni se discute, para luego la reconciliación

-        ya es desesperante y ensordecedor el silencio reinante

-        ya con tener dos oídos, no se oye nada, a nadie, ni a sí mismo

-        ya ningún ruido de nada, de nadie, por ningún lado

-        ya los baifitos y corderos no balan

-        ya no se oyen tractores arando la tierra

-        ya no se escucha ninguna sierra cortando ramas a los árboles

-        ya no se escucha el trote de ninguna yegua

-        ya no se oye golpear la ropa en la lavadera

-        ya no se oye al afilador gallego cada año por esas fechas

-        ya no se escucha a nadie recitar romances, poesías, oraciones añejas

-        y no se oye a nadie rompiendo piedras

-        ya no se oyen a las madres llamar a sus hijos que juegan

-        ya no se escucha a nadie tocar para nada a las puertas

-        ya no se oyen los timbres de las casas

-        ya nadie escucha al anciano y al enfermo solo

-        ya no se escucha el parte, como antes

-        ya no se oye pregonar pescado fresco de Agaete o de san Cristóbal ya no se escucha ni oye barrer

-        ya no se ve a nadie en un cruce de camino hablando con alguien

-        ya no se escucha ensañar a las madres oraciones a sus hijos pequeños

-        ya no se oyen las halabas del molino

-        ya no se oyen los viejos relojes marcar las horas

-        ya no se oye periquito alguno o al loro

-        ya no se oyen las bocinas de las motos, coches y camiones

-        ya no se escuchan los sermones de la novena, quinario o trío

-        ya no se oye al cartero, ni al panadero, ni al cochinero de Ingenio

-        ya no se escucha u oye barrer

-        ya no se escucha lavar y destiñar los calderos y platos

-        ya no se oye el maullar de los gatos

-        ya no se oye martillear un clavo

-        ya no se escucha la explosión de un barreno (no se canta la dinamita)

-        ya no escucha el hijo al padre sino éste al hijo, que es el que manda

-        ya no se oye el timbre de una bicicleta

-        ya ni se oye ni el ruido o vuelo de una mosca

-        ya no se oye llorar a un niño

-        ya no se oyen cuentos de brujas

-        ya no se escuchan mentiras de los cazadores

-        ya no se oye el paso de nadie

-        ya no se habla de política

-        ya no se oye, ni escucha...

-        ya, solo, se oyen ladrar, a los perros.

 

El Padre Báez.