03:55 h. sábado, 16 de octubre de 2021
soñando

Sentados, acostados y soñando en el campo

 

-        Sentados: Puesto, que nada puede hacer el campesino, otra cosa no hace sino permanecer sentado todo el santo día, porque ni plantar papas, ni coger papas, ni segar hierba, ni poner un vallita, ni levantar una piedra de una pared caída, ni plantar un olivo, ni limpiar un camino, ni tocar una retama, ni rozarse por una tabaiba, ni tener una cabra, ni hacer absolutamente nada, todo lo que puede hacer y lo único es desde que se levanta, es estar sentado, porque vigilado, y observado, va a ser multado por cualquier cosa que haga. Miedoambiente lo tiene enfilado, y solo pretende acabar con él, exterminarlo y desaparecerlo, cosa que ya ha conseguido en un 99 %. Solo sillas o bancos donde un descanso sin límite, solo esperando llegue la noche. Mientras, en taburetes, receptáculo o similares, muros o pollos, alguna piedra con forma de asiento o cajón donde poner su cuerpo en pasivo. Bancos para reflexionar. Agricultor o ganadero sentado constituye un insulto al mismo campesino pues es, como la negación del mismo. Un asiento que es, cual banquillo de acusado, sin culpa sino la de cultivar o cuidar del ganado. Asiento que rompe al que se sienta en él, cuando debía estar en el trabajo

 

-        Acostados: Esto es lo único que puede hacer, bien a la sombra del eucalipto de la tierra, bajo una higuera –si la tiene- y en una larga siesta, pasar de estar así echado, guardar llegue la noche, para sin necesidad de madrugar, volver a levantarse y tumbarse viendo el fútbol o escuchándolo en toda emisora que funcione –menos en Radio Aventura Siglo 21 FM 107.8- y así, acostadito, la noche y parte del día, el seprona no encontrará motivo para multa alguna, salvo que se extralimite en hacer algo de lo signado en la primera parte. Solo camas donde acostarse y no poder descansar, por llegar bien descansado y donde dar vueltas y volverse, flexionar las piernas como ejercicio que no lo paralice. En la cama de colchón de pajas, con trapera de lana todavía de otros tiempos y tradición. Donde el sueño posible y noches en desvelos, donde murieron los abuelos y padres..

 

-        Soñando: Y ello tanto si despierto o dormido, otra cosa no puede sino refugiarse –mirado su terreno y alpendre vacíos- en la nostalgia de un tiempo pasado cuando y donde el campo era un vergel y la despensa propia y para el comercio. Solo soñar que el cabildo algún día desaparezca –con sus dos brazos miedoembiente y seprona), y poder volver a poner una cabrita, unas gallinas, y volver a plantar una orillita de coles, con sus papitas y millo, y volver a ser feliz, y sobrevivir, huyendo del hambre y de la enfermedad. Y entre almohadas y cojines, se despierte y vea la oscura realidad de un campo muerto.

 

Triste trilogía para el hombre libre en otro tiempo en el campo, donde se enseñoreaba de forma altanera y orgullosa de llevar una jose al hombro, trabada en su camisa, con una soga en el brazo, para segar el puño para las cabras, y luego coger la azada cual pluma de escribir o lápiz o bolígrafo con la que escribir rayas (surcos), o simplemente cavar lo sembrado, y mirar al cielo, sin que le repitieran veinte veces al día el tiempo que hace o va a hacer. Triste, que quien tenía la despensa llena (cuevas con papas, paredes y parras con piñas colgando, con el bramido de las vacas, validos de las cabras, o/y el cacareo de las gallinas, todo esto desaparecido, todo esto prohibido. Todo esto esperando volver a poder hacerlo, sin ver la posibilidad de hacerlo sino de noche robando algunas horas al sueño o develado por no poder ni siquiera dormir, dada la situación de inanición e inactividad, con pasividad y un sedentarismo absurdo y sin sentido. Triste, que nada se pueda hacer ni tocar en el sector primario, que teniendo tierras, no las pueda cultivar y teniendo la choza, el corral o la alpendre, no te dejen poner en ellos, ningún animal, a no ser que sea un perro o varios, pero éstos –los único que te permiten tener- ni te dan leche ni algún otro beneficio.

 

El Padre Báez.