Cómo conquistaron realmente Gran Canaria: cabalgadas, columnas ligeras y huestes castellanas
MENCEY MACRO.
La conquista de Gran Canaria suele explicarse como una sucesión de batallas y expediciones. Sin embargo, las crónicas permiten reconstruir algo mucho más interesante: cómo combatía realmente el ejército castellano en la isla.
El análisis conjunto de las fuentes medievales, la geografía de Gran Canaria y las tácticas militares castellanas permite distinguir tres tipos de operaciones completamente diferentes: las cabalgadas, las columnas ligeras de penetración y la hueste pesada de conquista. Comprender esta diferencia cambia por completo nuestra interpretación de la guerra y ayuda incluso a explicar numerosos episodios conservados por la tradición oral que desvelaremos más adelante.
La guerra más larga de la conquista de Canarias
La conquista de Gran Canaria fue una guerra larga y brutal, la más larga de toda el archipielago con diferencia, y requirió con un elevado número de tropas como ya hemos comentado. Tuvo la particularidad de que, al igual que la Guerra de Granada, fue una iniciativa directa de la Corona que la financió y la dirigió.
Gran Canaria había estado en guerra intermitente con Diego de Herrera desde 1469. Desde la Torre de Gando se llega a conquistar la ciudad de Telde por Diego de Silva. La torre que construye en Telde es quemada y destruida por los canarios, al tiempo que los invasores son expulsados de la ciudad retirándose a la torre de Gando.
En 1471 se produce la batalla de Sardina donde Diego de Herrera es derrotado. En 1473 parte del poblado de la torre de Gando es incendiado por los canarios. La torre será finalmente destruida - por Maninidra, Doramas y Nenedán - posiblemente a finales de 1477.
Ante la competencia con Portugal y la imposibilidad de Diego de Herrera de conquistar la isla, a pesar de sus esfuerzos, los Reyes Católicos se hacen con los derechos y organizan directamente la conquista realenga. En 1478 Juan Rejón desembarca por la Bahía de las Isletas y la desembocadura del Guiniguada para dar comienzo al intento final de conquista, una conquista militar que se extenderá hasta 1483.
La conquista realenga no fue un proceso limpio. El uso de tácticas de terror fue premeditado; mutilaciones, extorsiones, quema de cultivos, envenenamiento de las aguas, uso de perros de guerra contra mujeres y niños, etc...Fue una larga guerra de desgaste, de cabalgadas, de castigo y de terror.
Hubo resistencia nativa organizada durante más de cinco años de guerra abierta, hubo estrategia, conocimiento y liderazgo, pero también hubo traición, hubo destrucción, hubo hambre, hubo genocidio y hubo silencios interesados en las crónicas.
Se conquistó la isla como se conquista un castillo, asediándola y matándola de hambre. La penetración castellana hacia el interior montañoso de Gran Canaria fue un proceso gradual. Desde el desembarco y fundación del Real de Las Palmas en junio de 1478, los conquistadores controlaron principalmente la franja noreste de la isla durante varios años, quedando la conquista estancada hasta la llegada de Pedro de Vera en Agosto de 1480. Tras dos intensos años de guerra los castellanos solo habían conseguido controlar la llanura costera del noreste de la isla y Tamaraceite. Habían sido severamente derrotados en sus intentos de penetración. La resistencia indígena mantuvo el dominio efectivo sobre las medianías y la cumbre. El interior seguía en manos de los canarios.
Aparte de las cabalgadas contra Tamaraceite y contra Telde - que acaba con los palmerales y los cultivos de la zona - los castellanos intentan la penetración hacia el interior en 1479 pero son derrotados en Tenoya y en Tirajana. En Tenoya, tras una incursión de castigo, una columna castellana es emboscada y atacada en la cuesta de Tenoya por Addur Amas (Adduramas > Duramas > Doramas) cuando van de regreso al campamento del Real de Las Palmas, con el botín capturado. Los invasores sufren grandes pérdidas. Unos pocos consiguen sobrevivir milagrosamente huyendo por los llanos de Tamaraceite.
El 24 de agosto de 1479 las huestes castellanas - al mando del obispo Juan de Frías y del corsario gaditano Pedro Hernández Cabrón - desembarcan por la playa del Cabrón, cerca de Arinaga, y se adentran por la Caldera de Tirajana, llegando a su parte alta y destruyendo el almogarén de Risco Blanco, lugar sagrado de los antiguos canarios. Pero al retirarse hacia la costa van a sufrir una severa derrota perdiendo veintiséis hombres con más de cien heridos y ochenta prisioneros, siendo las bajas por parte de los canarios, al mando de Guariragua - faicán de Telde - de veinte muertos.
Tras la llegada de Pedro de Vera en Agosto de 1480 se abre un nuevo frente por Agaete al mando de Alonso Fernandez de Lugo. A partir de enero de 1.481 se acentuó el envío de todo lo necesario desde Castilla a Gran Canaria, con un primer convoy de suministros y refuerzos que llegó entre enero y marzo de 1.481 y otro entre octubre de 1.481 y marzo de 1.482.
La conquista de Gran Canaria tiene similitudes con la conquista española del RIF durante el siglo XX. Allí los españoles, desde su base de Melilla, van conquistando kabilia por kabilia, adentrándose en el territorio y estableciendo puestos avanzados. Tras la derrota de Annual usaran bombardeos de armas químicas prohibidas contra la población civil. En Gran Canaria ocurrirá algo muy parecido, desde la base del real se adentran conquistando auchones, poblados y ciudades, usando "emponzoñadores" para contaminar las aguas y causar enfermedades, además de otras tácticas de terror y tierra quemada empleadas por Juan Rejón y el obispo Juan de Frías, y continuadas luego ya bajo el mando de Pedro de Vera.
Desde la base del Real de Las Palmas, la penetración hacia el interior en el norte se hará, fundamentalmente, mediante dos vías. El barranco del Guiniguada y el barranco de Telde / Valsequillo. Otra vía de penetración hacia el interior será el barranco de Agaete donde se manda construir una torre al mando de Alonso Fernández de Lugo.
Por el sur, Pedro de Vera hace una entrada en septiembre de 1480 hacia Tirajana, al mismo lugar donde se desarrolló la derrota castellana en 1479 y posteriormente otra, en mayo de 1482. Las entradas hacia el interior de la Caldera de Tejeda desde el Guiniguada, y la zona de Mogán y La Aldea - con desembarcos por el sur y la derrota castellana en la batalla de Ajodar - se producirán en la fase final de la conquista (1482-83).
El poder naval y logístico
Se suele hacer mención a la superioridad tecnológica de los europeos, con uso de espadas y armas de fuego, incluyendo pequeños cañones de artillería ligera de la época. Pero el poder logístico fue igualmente decisivo. Mientras los cultivos y bosques canarios eran quemados, las aguas contaminadas y envenenadas, y el numero de guerreros nativos mermado, los castellanos podían recibir suministros y refuerzos desde el exterior.
Las campañas de Pedro de Vera en Gran Canaria (y la segunda campaña para la conquista de Tenerife) vino precedida de un significativo aporte logístico de suministros y hombres llegados por vía naval. El grueso de los pertrechos necesarios para todas y cada una de las campañas, tanto de hombres como de enseres y "mantenimientos", procedía directamente de Castilla. Es obvio que sin empleo del poder naval dicho proceso jamás se podría haber efectuado.
El dominio del mar por parte de los castellanos nunca fue discutido por los isleños, que carecían de capacidad naval suficiente, limitados a pequeñas canoas de tronco de drago. Tan solo los portugueses, hasta la firma del tratado de Alcaçobas - el 4 de septiembre de 1479 - disputan el dominio del mar.
El dominio del mar no solo les daba a los castellanos un fuerte apoyo logístico sino también movilidad.
Era una ventaja estratégica, pero también táctica y operacional. El poder naval se proyectó en tierra, participando en varias operaciones. Fue lo que permitió la apertura de un segundo frente en la conquista de Gran Canaria con el desembarco de tropas y pertrechos en Agaete, su abastecimiento y su refuerzo desde la Gomera con las tropas de Hernán Peraza. También se usó el poder naval en el desembarco por Tazartico que terminó con la derrota castellana en la batalla de Ajodar, o en la batalla de Tirajana que ya hemos nombrado. Esta última batalla es ejemplo de como la fuerza naval también sirvió de retaguardia segura para las tropas castellanas cuando fueron derrotadas.
El uso de artillería en la conquista de Gran Canaria está demostrada en las "cuentas de la conquista" en donde hay partidas de pólvora y proyectiles. La artillería de un barco era igual a la de tierra con bombardas, falconetes o pedreros. Se montaban en los barcos para viajes específicos o para su transporte, como ocurrió en el desembarco de Tazartico/Ajodar.
La penetración hacia el interior; el problema militar del interior de Gran Canaria
La penetración hacia el interior de la isla se hará usando el fondo de los barrancos. Los grandes barrancos salían desde la costa hacia el centro como auténticas “autopistas” naturales. Tenían agua para hombres y animales, algo de vegetación pero sobre todo un fondo transitable aunque estrecho y pedregoso. No fue una elección casual. Era simplemente la opción menos mala en un terreno infernal.
El fondo del barranco no era un buen terreno. Según el cronista castellano Alonso de Palencia (siglo XV) los barrancos estaban “tapizados de vegetación” y en muchos había cauces de agua permanentes. En el siglo XV la isla estaba mucho más cubierta de bosques de laurisilva (bosque subtropical denso de laureles, tilos, acebos, etc.) y bosque termófilo (bosque tipo mediterráneo) en las medianías y cumbres. El cronista castellano Alonso de Palencia (siglo XV) describe explícitamente “zonas muy pobladas de árboles y de espesura tal que dificultaban el paso”. Los barrancos también estaban “tapizados de vegetación”, pero en las laderas y montañas altas el bosque era casi impenetrable. Sin caminos o con caminos muy estrechos, cuestas muy fuertes, rocas sueltas y vegetación tan cerrada que impedía el movimiento de tropas, caballos y sobre todo el tren de bagaje.
Subir por las montañas significaba un mayor desnivel y fatiga y un riesgo constante de emboscadas igual o peores que las del fondo del barranco. También una logística casi imposible para carros y mulas que no podían avanzar en pendientes tan pronunciadas ni entre árboles tan densos. Por eso los castellanos optaron por los barrancos.
El fondo de un barranco es uno de los peores terrenos posibles para un ejército medieval. Pero es que la alternativa era mucho peor. La estrechez obliga a marchar en fila india o en formación muy compacta de a veces de solo 2-4 hombres de ancho. Cualquier atasco en la cabeza detiene a toda la columna. La superficie es irregular con piedras, barro, arroyos que cruzar, rocas sueltas… lo que reduce la velocidad a paso de tortuga.
Además hay que llevar los carros de suministro que casi no podían circular por ahí. A menudo había que desmontarlos, usar solo mulas o abandonarlos. Las marchas no eran continuas. Se caminaba unas 5-7 horas efectivas al día con paradas para descansar, reorganizar, abrevar animales y montar campamento al atardecer.
Avanzar en columna pesada de conquista no era una “marcha relámpago” como cuando se hacían cabalgadas de castigo. Avanzaban, aseguraban el terreno y montaban "real" (campamento) al final de la jornada. La distancia diaria que podían cubrir la hueste seria entre 6 y 12 kilómetros, dependiendo de donde estuviera el campamento de los castellanos.
Una marcha les llevaría entre 8 y 24 horas o incluso más, dependiendo del terreno, la carga del ejército, condiciones climáticas y número de soldados. Caminos estrechos y accidentados reducirían la velocidad a 1-2 km/h. Además, la necesidad de mantener orden, vigilancia y rutas seguras aumentaría el tiempo. En condiciones ideales, podría acelerarse, pero en terrenos hostiles o con obstáculos, el avance sería mucho más lento.
Los tres tipos de expedición castellana; cabalgadas, columna pesada y columna ligera
El análisis de las crónicas de la conquista, de las tácticas de guerra medievales españolas y de la orografía de Gran Canaria, nos permite distinguir tres tipos de formaciones que nos ayudarán a entender e interpretar no solo las crónicas sino también informaciones que han quedado en la tradición oral.
En sus incursiones los castellanos emplearon columnas pesadas, columnas ligeras y cabalgadas. Las cabalgadas eran incursiones rápidas de castigo. Las columnas ligeras eran expediciones de penetración. Serian la versión rápida y ágil de la columna pesada, usada para exploración, flanqueo o golpes rápidos o en terrenos no aptos para el uso de la caballería. Finalmente tendríamos la columna pesada o hueste principal. Sería la formación estándar para grandes avances y ocupación de terreno.
La destrucción de los palmerales y cultivos de Tamaraceite en 1478 por parte de Juan Rejón fueron cabalgadas, como las que posteriormente se harían en la Guerra de Granada contra los musulmanes y tal y como se habían practicado en la Reconquista de la Península Ibérica.
La incursión de Pedro Hernández Cabrón y el obispo Juan de Frías el 24 de agosto de 1479 a Tirajana, donde fueron derrotados por los canarios es ejemplo de columna ligera, mientras que la penetración de Pedro de Vera hacia la Caldera de Tejeda y el interior de la isla a finales de 1482 y comienzos de 1483 es ejemplo de columna pesada.
Las cabalgadas: guerra económica y de castigo
El objetivo de las cabalgadas no era conquistar terreno, sino debilitar al enemigo y forzar la rendición por hambre. Su función era el hostigamiento, la razia de quema de cultivos, quema de bosques, destrucción de aldeas y asentamientos de caserío (auchones/aduares), así como el robo de ganado y la captura de esclavos. Era una fuerza móvil de guerra económica y de castigo, la versión castellana de la “chevauchée” medieval usada recurrentemente durante la reconquista.
Saldrían de noche o al amanecer desde el real u otros campamentos, entraban por barrancos, quemaban higuerales, bosques, campos de cebada, palmerales y ganado. Robaban o mataban animales para dejarlos sin comida y atacaban pequeños asentamientos aislados y pequeños poblados con ataques sorpresa.
Su composición típica seria una mezcla ligera y rápida. Entre 50-300 hombres, un numero pequeño y ágil para moverse rápido y desaparecer. El 30-60 % jinetes (entre 20-80 caballos) y el resto ballesteros y rodeleros montados o a pie ligero. Jinetes con lanza y espada, ballesteros a caballo o a pie para cubrir.
Llevarían antorchas, hachas y herramientas para quemar y ratas muertas y venenos para emponzoñar las aguas. Muy poca armadura ya que la prioridad sería la velocidad. Irían sin bagaje, solo lo que cabía en las alforjas de los caballos y mulas mínimas. También llevarían algunos perros de guerra y algunos exploradores nativos de las tribus y clanes ya capturados o achicaxnas (villanos).
Podían recorrer hasta 20-30 km en un día o noche y volver. Los caballos y los perros de guerra les daban una ventaja enorme en los fondos anchos y en los terrenos llanos.
Columnas ligeras de penetración
Una segunda formación sería las columnas ligeras. Serian la versión rápida y ágil de la columna pesada, usada para exploración, flanqueo o golpes rápidos o en terrenos no aptos para el uso de la caballería. El grueso serian peones de infantería ligera, principalmente ballesteros, rodeleros y piqueros. Muy pocos jinetes si el terreno era muy malo o solo 5-10 exploradores a caballo.
Dependiendo del terreno podrían llevar más o menos caballería. También podrían llevar algunas tropas auxiliares nativas y exploradores, así como perros de guerra, muy útiles para detectar emboscadas y contra mujeres y niños.
Avanzarían sin bagaje pesado. Solo mochila personal o 1-2 mulas por cada 20-30 hombres para munición y algo de comida para varios días. Nada de carros ni tren logístico grande. El tamaño podría variar entre 100-300 hombres hasta 500-600.
Sin mulas pesadas ni carros, avanzaban casi a paso de soldado normal (1-3 km/h efectivo), aunque siempre con exploradores adelante para evitar emboscadas. Podrían avanzar a un ritmo de 10-20 km/día.
La hueste pesada de conquista
Una tercer tipo de formación seria la columna pesada o hueste principal. Sería la formación estándar para avances grandes, ocupación de terreno o batallas campales. Su tamaño estaría entre los 1500 y mas de 3000+ personas. La composición típica tendría aproximadamente un 10 % de jinetes. Unos 50-200 caballos en total. Usaban lanza, espada y a veces armadura ligera.
Un 80-90 % de peones de infantería (pardillos, tercio viejo) con ballesteros (los más numerosos y efectivos, con ballestas de acero), rodeleros (con espada y rodela/redondel), algunos espingarderos (arcabuceros primitivos, muy pocos) y peones con picas o espadas.
Llevarían bagaje (tren logístico) compuesto por muleros con 20-50 mulas cargadas de comida, agua, munición de ballesta, tiendas y herrajes. A veces 1-2 carros pequeños en zonas planas (casi imposibles en barrancos) y piezas de artillería pequeñas con pólvora y munición.
A esto hay que añadirle los frailes, exploradores y auxiliares canarios, así como mujeres nativas (voluntarias, forzadas o capturadas) para usarlas de prostitutas y de “mujeres de la hueste”, es decir como lavanderas, cocineras y concubinas. La explotación sexual de mujeres indígenas era frecuente y está documentada en otras campañas españolas.
La velocidad de avance de este tipo de columnas es muy lenta, 6-12 km/día por los fondos de los barrancos. los auxiliares nativos irían delante, en vanguardia como infantería ligera y como carne de cañón. También como tropas de flanqueo, junto con algunos caballos y perros de guerra, cubriendo las lomas laterales de los barrancos para evitar emboscadas.
Entender estos tipos de formaciones nos permitirá comprender mejor episodios tanto de las crónicas como de la tradición oral.
| Característica | Cabalgada | Columna ligera | Hueste pesada |
|---|---|---|---|
| Objetivo | Guerra económica y de castigo. Destruir cultivos, capturar ganado y esclavos, sembrar el terror. | Exploración, reconocimiento, penetración rápida y golpes de mano. | Conquista, ocupación permanente del territorio y grandes operaciones militares. |
| Efectivos estimados | 50–300 hombres | 100–600 hombres | 1.500–3.000 o más personas, incluyendo auxiliares y logística. |
| Caballería | Muy abundante (30–60 %). Principal fuerza ofensiva. | Escasa. Solo exploradores o pequeños destacamentos montados. | Utilizada para protección, persecución y enlace. |
| Infantería | Ballesteros y rodeleros ligeros. | Ballesteros, rodeleros y piqueros ligeros. | Ballesteros, rodeleros, lanceros, piqueros, espingarderos y otras tropas de apoyo. |
| Auxiliares indígenas | Exploradores y guías capturados o aliados. | Como exploradores y tropas avanzadas. | Numerosos, empleados como guías, exploradores, vanguardia y fuerzas de flanqueo. |
| Logística | Muy ligera. Sin carros ni bagaje pesado. Solo alforjas y algunas mulas. | Mochilas individuales y pocas mulas de carga. | Gran tren logístico con mulas, víveres, municiones, pólvora, artillería ligera, tiendas, herreros, religiosos, prostitutas y mujeres de la hueste indígenas y personal auxiliar. |
| Velocidad | 20–30 km diarios. | 10–20 km diarios. | 6–12 km diarios. |
| Duración habitual | Horas o 1–2 días. | Varios días. | Semanas o incluso meses. |
| Terreno preferente | Llanuras, barrancos amplios y zonas agrícolas. | Barrancos estrechos, pasos de montaña y zonas difíciles. | Fondos de barrancos y corredores naturales aptos para mover una gran fuerza. |
| Riesgo de emboscada | Bajo, gracias a la rapidez. | Alto. | Muy alto, aunque compensado con mayor número de tropas. |
| Ejemplos históricos | Destrucción de Tamaraceite y Telde por Juan Rejón (1478). | Expedición de Pedro Hernández Cabrón y Juan de Frías a Tirajana (1479). | Campañas de Pedro de Vera hacia Tejeda, T |