¡Quítate tú que me pongo yo!

 

Me desgañito la garganta llamando a la rebeldía; me decepciono y siento en el alma el dolor de las  traperas puñaladas. No es culpa de mi pueblo, tanto tiempo dominado y adiestrado en la obediencia: es la perfidia, la indecencia y el deshonor del perro felón que de tu esfuerzo se aprovecha. El carroñero, ávido de poder, que aprovecha cualquier ocasión para sentarse en tu mesa. ¡Quítate tú que me pongo yo! es su único fin: el pueblo no importa, aunque sea la excusa de sus ambiciones.

La envidia necia que se impone, el boicot al revolucionario, la mirada hacia el parlamento podrido, el ego insolente bastante subido y los sentimientos patrios solo están en la pancarta.  La avaricia del profeta escondido, el iluminado que aborrega y utiliza a la juventud arrogante que, sin haber caminado, cree que puede correr y que ha alcanzado la quimérica sabiduría.

Pobres, también, no son culpables del proselitismo anquilosante que no les deja ver más allá de la línea del horizonte marcado; que dan por cierto e inamovible la doctrina absorbida que les deforma la realidad, que no contrasta, que no se escapa del dogma: el tiempo le hará juzgarse a sí mismo.

Pero los perros miserables que esperan en la puerta de la casa de quienes le tiran los desechos, que ni si quiera comparten como buenos socialistas, sino que egoístamente lo devoran en su guarida. Ojo, mucho cuidado: hay ventolera y se pronostica un gran vendaval.

Yo también fui socialista, yo también fui comunista, yo también fui anarquista, pero nunca viví de tal manera. Más tarde fui yo y, con razón o no, hablo desde mis adentros, sin querer convencer a nadie, la gente es terca y tiene que partirse la testa para saber que la tenía sobre los hombros. ¿Qué más le puedo pedir a la vida, llegar a político, a participar de la mentira estructural que tanto he odiado y tanto daño ha causado? No tengo nada, pero lo tengo todo, y ahora sí que estoy dispuesto a compartir, pero no materialismo, si quieren, rectitud, si quieren, rebeldía, experiencias, y hasta el amor de un hombre bruto al que también le pueden las emociones… Simplemente para quien quiera escuchar, porque no espero el aplauso de nadie y sí el desprecio de quienes se sienten aludidos; para quienes quieran oír y avanzar, me dispongo, como el más simple soldado, al verdadero proyecto que libera la patria. No espero nada de nadie, quiero la libertad de mi pueblo. La independencia de Canarias.