La izquierda confusa

La izquierda española ha llegado a una confusión desgarradora, en la que destaca un cainismo que hace recordar algunos episodios de la lucha por la hegemonía, allá a principios del XIX, en la Rusia revolucionaria. No hay sangre pero el canibalismo ideológico no respeta límites y hasta dificulta la identificación de los grupos en pugna.

Uno de estos  escenarios confusos se está dando en el PSOE, en trance de perder su función histórica como fuerza de Estado. Produce estupefacción que en una lucha, que no debiera superar cauces electorales, se llegue hasta la abominación del “ alma mater” del  propio partido.

Recientemente se recordaba como no hace muchas semanas, determinadas bases del socialismo andaluz llamaban “judas”  a Felipe González y lo gritaban ante un Pedro Sánchez que no formuló una mínima defensa de la figura más destacada de la socialdemocracia española.

El asombro continua.El presidente de la Junta de Extermadura y secretario general del PSOE extremeño, Guillermo Fernández Vara, ponía de relieve la obcecación y el confusionismo ideológico, que propala el exsecretario general del PSOE, Pedro Sánchez, tanto respecto al proyecto del partido como al proyecto de país.

Con gran acierto Fernández Vara decía que el PSOE nunca fue un partido asambleario y que no se entiende, que se quiera recuperar un modelo ineficiente para defender los derechos de los trabajadores en el siglo XXI.

Ahora mismo en la carrera electoral para liderar el partido, Pedro Sánchez se ha convertido en el candidato patrocinado por Podemos, en un ejercicio de transfuguismo desde aquel fracaso en Octubre pasado. El afán revanchista le lleva a la radicalización populista y su estrategia para la unidad de la izquierda sigue los pasos de Garzón. En definitiva aceptar la hegemonía de Podemos.

El mimetismo se extiende también al proyecto nacional, optando por un modelo confederal para resolver las tensiones territoriales, inclinándose por reconocer las pretensiones de autodeterminación. Pedro Sánchez aboga por que España sea definida como un Estado plurinacional, mediante una reforma del artículo 2 de la Constitución. Propuesta a la que se han adherido las izquierdas populistas, mientras los soberanistas dicen que pasan de cualquier redacción de la Carta Magna.

Desde filas más responsables del PSOE se ha rechazado tal planteamiento y Fernández Vara ha sido rotundo en la réplica: “Desde luego mi país no es un estado plurinacional compuesto por 17 trozos que cada uno agrega voluntariamente. España es más que la suma de sus partes”.

La reconstrucción socialdemocrática exige una definición clara entorno al debate sobre el diseño de España. Nación de ciudadanos o de territorios, solidaridad o insolidaridad. Y como escribe Camacho: marco jurídico común o a la carta.

Será fundamental en el resultado final, que el PSOE aparte a quienes por rencor, son capaces de arrastrar a la desestabilización, al propio partido y al país.

 

(*) Periodista. Historiador. Profesor Universitario