R.A.H. GUADARFÍA:
Quiero transmitir mi gran preocupación por lo que está sucediendo hoy en día con el mantenimiento de nuestras tradiciones.
En los últimos años estamos siendo testigos de una preocupante desvirtuación de prácticas tan importantes como el juego del palo y la alfarería tradicional canaria. Es necesario decirlo con claridad: la tradición no es un espacio para el protagonismo personal ni para la improvisación. Es un legado construido con sacrificio, respeto y transmisión directa de quienes dedicaron su vida a preservarlo.
El juego del palo, transmitido por nuestros Maestros, no puede ni debe ser alterado por personas sin el conocimiento, la formación ni el respeto necesarios. Distorsionar su técnica no es evolución, es pérdida. Es una falta de respeto hacia los Maestros, hacia quienes llevamos décadas practicándolo con seriedad, y hacia la propia historia de nuestra tierra.
Lo mismo ocurre con la alfarería tradicional. Innovar es legítimo, pero no se puede presentar como tradición aquello que no respeta las técnicas, los procesos ni la esencia heredada de nuestros antepasados. La alfarería tradicional canaria sigue viva gracias a hombres y mujeres que la practican con fidelidad, dignidad y compromiso.
También es momento de reflexionar sobre el papel de ciertas asociaciones culturales. Su responsabilidad es proteger, investigar y preservar, no transformar ni adaptar nuestras tradiciones hasta hacerlas irreconocibles. La cultura no puede convertirse en un producto ni en una herramienta al servicio de intereses ajenos a su verdadera esencia.
La tradición ha sobrevivido gracias al compromiso de personas que, sin recursos ni protagonismo, la han mantenido viva por respeto y convicción. Esa es la base real de su supervivencia.
La tradición no pertenece a intereses, ni a modas, ni a instituciones. Pertenece al pueblo, a su historia y a quienes la han protegido con honestidad.
Hoy más que nunca, debemos recordar una verdad fundamental: la tradición no se adapta al interés del momento. La tradición se respeta, se protege y se transmite con fidelidad.
Y defenderla no es una opción. Es una responsabilidad.
R.A.H. Guadarfía