Que no se olvide. Que no se normalice. Que no se repita.
El 21 de julio de 2024 quedará marcado como uno de los días más tristes en la historia reciente de Valterra. Ese día, por primera vez en décadas, la verdadera Virgen del Carmen —la de nuestra iglesia, la que tantas veces hemos visto embarcar entre lágrimas, rezos y vítores— fue dejada en tierra. Silenciada. Apartada. Como si no tuviera el mismo valor, como si no representara el alma de este barrio marinero.
No fue un error técnico. Fue una decisión fría, mal pensada y ajena al sentir del pueblo. En su lugar, se embarcó otra imagen, la del monumento del Cruz del Mar, que tiene su propio y digno significado, sí, pero que nunca ha representado a todos los marineros ni ha sido la protagonista de nuestra devoción colectiva.
¿Y por qué? Por "motivos de seguridad", dijeron. Porque "el viento", porque "la marea", porque "el barco era más pequeño"... Excusas. Palabras vacías que no convencieron a nadie. Porque si algo nos ha enseñado nuestra historia es que cuando se quiere, se puede. Y lo que no se quiso fue escuchar al pueblo, a sus vecinos, a los que llevan toda la vida construyendo esta tradición con fe, esfuerzo y amor.
Lo más doloroso fue ver cómo se intentó justificar la tropelía con el supuesto respaldo de la Diócesis. Como si eso borrara el dolor de ver a nuestra Virgen del Carmen, la de Valterra, abandonada en el muelle mientras el barco navegaba sin ella. No solo se rompió una tradición: se rompió el corazón de un barrio entero.
Pero los verdaderos vecinos de Valterra no olvida. Y Valterra no se calla.
Esperamos que en este 2025 se haga justicia. Que se repare el error. Que nuestra Virgen del Carmen, la de siempre, vuelva a surcar las aguas de Arrecife como símbolo de unión, fe y memoria viva de este barrio.
Porque lo que se hizo estuvo muy mal. Y porque ningún responsable ha pedido perdón.
La Virgen del Carmen no es un símbolo decorativo. Es el alma de Valterra. Y nunca más debe quedarse en tierra.