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El control de las redes y la IA: una amenaza directa a la libertad y la democracia en España

 |  07 de febrero de 2026 (11:16 h.)
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Las medidas anunciadas por Pedro Sánchez en el cierre del Congreso Nacional de Industria en Bilbao han encendido todas las alarmas. Prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, responsabilizar legalmente a las plataformas por contenidos y sancionar la manipulación de algoritmos no son simples ajustes técnicos: son pasos hacia un control centralizado de la información que afecta directamente a la libertad del pueblo.

Consideramos inadmisible que un dirigente intente atentar gravemente contra las libertades, la democracia y el derecho a la libre expresión y opinión de los ciudadanos. Pero lo más preocupante es su intención de controlar las redes sociales y la inteligencia artificial para que solo se publique aquello que él considere aceptable.

Esto no es regulación: es censura.

No es protección: es control.

Y no es democracia cuando el poder decide qué puede decirse y qué debe silenciarse.

Estas propuestas llegan, además, en un momento crítico para España. Mientras el país enfrenta problemas graves —como el caos ferroviario, la inseguridad y la presión social— el Gobierno parece más preocupado por vigilar la palabra del ciudadano que por resolver los problemas reales. La reacción de los jóvenes y de millones de usuarios en redes es clara: no aceptan que se limite su derecho a expresarse, informarse y cuestionar al poder.

El riesgo es evidente: convertir las plataformas digitales y la inteligencia artificial en instrumentos políticos. Y cuando la información deja de ser libre, la democracia empieza a dejar de serlo también.

La libertad no se negocia.

Ningún dirigente está por encima del derecho del pueblo a pensar, hablar y opinar sin miedo.

Confiamos en que las plataformas digitales y la inteligencia artificial no se sometan a presiones que pongan en riesgo la libertad de expresión. Las redes y la IA no deben convertirse en herramientas del poder, sino en garantes de la libertad del pueblo.

La ciudadanía está alerta. Y cuando el poder quiere decidir lo que el pueblo puede decir, el pueblo tiene el deber de alzar la voz.