00:00 h. domingo, 19 de julio de 2026

¡El independentismo canario es un gallinero con muchos gallos!

 |  19 de febrero de 2026 (11:02 h.)
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Por: Antonio Leal Aguilar

La metáfora del “gallinero con muchos gallos” retrata con crudeza la realidad del independentismo canario: sobran voces, faltan acuerdos. Hay energía, hay compromiso, hay historia… pero no hay coordinación suficiente para convertir todo eso en fuerza política efectiva.

El independentismo en Canarias lleva décadas intentando abrirse espacio sin lograr consolidar una estrategia común. Las divisiones internas, las siglas que compiten entre sí y los personalismos han pesado más que la construcción de un proyecto compartido. Mientras tanto, la mayoría social observa con distancia un debate que percibe fragmentado y poco operativo.

Conviene reconocer una verdad incómoda: el independentismo no es un bloque uniforme. En su seno conviven sensibilidades distintas, desde planteamientos soberanistas graduales hasta posiciones claramente rupturistas. Esa pluralidad podría ser una fortaleza si existiera una cultura política basada en la cooperación y en la inteligencia estratégica. Pero cuando cada sector actúa como si poseyera la verdad absoluta, la diversidad se convierte en dispersión.

El resultado es evidente: baja incidencia institucional, escasa presencia mediática y dificultad para marcar agenda propia. En un contexto donde Canarias enfrenta retos estructurales —dependencia económica, precariedad laboral, presión demográfica, crisis habitacional y desafíos medioambientales— la ausencia de una voz cohesionada debilita cualquier aspiración de mayor soberanía.

En los últimos años han surgido intentos de unidad de acción, propuestas de coordinación estatal e incluso iniciativas para internacionalizar la cuestión canaria. Son pasos interesantes, pero insuficientes si no van acompañados de un cambio profundo en la cultura interna del movimiento. Sin generosidad política, sin renuncia al protagonismo individual y sin un mínimo común estratégico, cualquier avance será frágil.

Hoy el mundo vive un momento de redefinición geopolítica. Nuevos movimientos nacionales emergen, la ciudadanía exige mayor participación y las juventudes buscan proyectos claros, honestos y viables. Si el independentismo canario quiere interpelar a esa generación, necesita algo más que consignas identitarias: necesita un programa creíble que hable de empleo digno, transición energética insular, justicia fiscal, vivienda accesible y autogobierno real.

La clave no está únicamente en proclamar la independencia, sino en explicar para qué. ¿Qué modelo económico propone? ¿Qué tipo de relación exterior desea? ¿Cómo garantizaría bienestar y estabilidad? Sin respuestas claras, el debate seguirá siendo marginal.

Canarias se encuentra en un cruce de caminos. O el independentismo continúa como un gallinero donde cada gallo canta por su cuenta, o asume que la unidad estratégica no es una opción estética, sino una condición de supervivencia política.

Unidad, cooperación y visión compartida no son eslóganes. Son la única vía para transformar el ruido en proyecto y la fragmentación en fuerza.

Capitulo 1