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Juan Francisco Ramírez

Sor Lucía Caram y sor Teresa Forcades: Dos monjas ejemplares

Abogado, investigador y analista polítco

Juan Francisco Ramírez | 02 de junio de 2015

Cada día, aumenta la censura contra todo aquel o aquella, que decida poner voz a la verdad en favor de la ética moral pregonada por Jesucristo; al que crucificarían, por emplear la palabra en defensa de los más desvalidos y desfavorecidos.

En estos tiempos revueltos; han saltado a la escena mediática, dos monjas que se han destacado por sus públicas manifestaciones, de manera directa y clara, contra las barbaries de los poderes económicos, denunciando todos los atropellos y maniobras que van introduciendo, gracias a la complacencia de mediocres bien pagados. Dos grandes adalides de los débiles; estoy refiriéndome, a sor Lucía Caram, y sor Teresa Forcades; ambas, de órdenes o congregaciones religiosas diferentes, la primera Dominica, y la segunda Benedictina, pero con un mismo objetivo, es decir, practicar los Evangelios del Cristianismo, tal cual enseño Jesús.

Resulta patente; los poderes clásicos, a lo largo de la historia, en todas las civilizaciones y culturas del mundo han venido sosteniendo cuando no tolerando, a las diferentes confesiones religiosas mientras éstas les resultan adecuadas a sus previsiones o agrados, para controlar a los espíritus más rebeldes. En este caso, nos referiremos, concretamente, a la Iglesia Católica Apostólica y Romana; por supuesto;  hete aquí, que en el instante que surgen religiosos defensores de los pobres cual redentores se trataren, entonces, ya dejan de resultarles de su agrado, pues está bien predicar contención, humildad y acatamiento de los mandamientos; no resultándoles tolerable a los poderes cosa distinta. Viene al caso rememorar la parábola: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios” (Evangelio según San Marcos. El peligro de las riquezas, Capítulo 10:25).

A veces; desde el seno de la Iglesia, surgen figuras que conectan con el mensaje de Cristo en todo su esplendor y pureza; en tales ocasiones las cosas cambian, pues a los poderes establecidos, ya no les agrada que surjan personajes que se atrevan a despertar y, menos aún, se defienda a los más desafortunados. No, en tales casos, el mensaje de Cristo ya no interesa tanto a los adoradores del “Dios Moloc”. (1)

Expuesto lo anterior; consideramos necesario, por lo actual, recordar a algunos religiosos, que han dado su vida por la defensa de los más humildes y oprimidos en el siglo XX; concretamente, nos referimos al Arzobispo de San Salvador, Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Gáldamez (Jesuita), asesinado en 1980, por los Escuadrones de la Muerte, recientemente beatificado por el Papa Francisco; de hecho, ya se le conoce popularmente como San Romero de América; o, el caso de Ignacio Ellacuría Beascoechea (Jesuita), asesinado en 1989; defensores de la Teología de la Liberación. También, conviene recordar al Obispo argentino Monseñor Enrique Ángel Angelelli Carletti, asesinado en 1976, y encubierto como accidente de tráfico, por oponerse a la dictadura militar Argentina (1976/1983); entre otros muchos más, todos, mártires católicos.

Dicho lo antecedente, nos trasladaremos a España y a nuestro tiempo, refiriéndonos a las dos monjas objeto del presente trabajo exposición: “sor Lucía CARAM y sor Teresa FORCADES”; el actuar de ambas resulta similar, salvando las diferencias, a los casos de los religiosos de la Liberación, relatados en el párrafo anterior, pues, al igual que aquellos mártires, ambas, se posicionan en la defensa de los desvalidos y desfavorecidos; emulando, fielmente, la doctrina de Jesucristo, que expulsó a los mercaderes del Templo (San Mateo 21:12).

La Iglesia, debería sentirse afortunada y orgullosa, de tener entre sus filas a personas de la calidad humana de estas dos religiosas que, agraciadas por una fuerza divina, actúan con  una gran entereza y tesón, fustigando verbal y públicamente a los fariseos del siglo XXI, parásitos surgidos de entre las fosas del gran capital, cual vampiros se tratasen, alimentándose de la sangre de las penurias humanas. (2), (3), (4) y (5)

Sirvan estas líneas, en apoyo y defensa de las dos heroínas de los desahuciados, de los pobres, de los abandonados a su suerte, de los que ven a sus hijos padecer hambre y miseria, de la defensa de unos medicamentos baratos para todos, de una educación y sanidad pública universal, de las que osan denunciar abiertamente la corrupción, etc.

No resulta entendible o admisible, que se las llame a capitular en su defensa de los Evangelios; verdad, por la que el propio Cristo ofreció su vida en la Cruz, para redimir al humano de su maldad. Por el contrario, lo que corresponde es la defensa a ultranza de las dos monjas; deseando, su ejemplo se propalare cual maná milagroso. La Iglesia, no debe apartar a estas dos grandes difusoras del mensaje de Jesucristo; a buen seguro, son instrumentos del Creador.

Finalmente; aprovecho estas pocas líneas para animar a todo aquel que lo desee, a escribirle una misiva al Sumo Pontífice, dirigida al Vaticano (6) en demanda de amparo y a favor del derecho de sor Lucía Caram, y de sor Teresa Forcades, para que se les permita continuar expresándose públicamente; poniendo voz a los desvalidos y desfavorecidos, pues y pese pertenecer a órdenes religiosas diferentes, a ambas les une un mismo destino; es decir, ponerle voz a los Evangelios, tan necesarios en estos tiempos de dudas, tribulaciones, y de senderos erráticos.

http://www.miapic.com/diccionario-moloc
Documental “El orden criminal del mundo”, emitido en 2006, TVE-2, programa “En Portada”. (Internet).
Diamantes de sangre (2006), película dirigida por Edward Zwick; trata la explotación de las minas de diamantes en África. (Internet)
Alberto Vázquez-Figueroa, “El Coltán”, Ediciones B, S. A., Barcelona, 2008 (304 pgs.)
Teresa Forcades i Vila, “Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas”, Cuadernos, Centro de Estudios de Cristianismo y Justicia, 2006 – Podrá consultarse en el enlace abajo indicado:

https://www.cristianismeijusticia.net/es/los-crimenes-de-las-grandes-companias-farmaceuticas

Dirección: Sua Santità Francesco PP., 00120 Via del Pellegrino / Città del Vaticano (Nota: La misiva, podrá ser redactada en el idioma utilizado por el remitente).

 

Juan Fco. Ramírez S. – Abogado, investigador y analista político

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