Pedro Sánchez siempre va en contra de la opinión del pueblo español e intenta realizar lo que le viene en gana, aunque la población quiera hacer todo lo contrario.
Ahora, este «cartero de la Moncloa» envía una nueva carta a la ciudadanía con la intención de convencer al pueblo de que es necesaria la regularización extraordinaria: «La migración debe gestionarse con responsabilidad; esta lógicamente se debe regular, controlar y permitir cuando se precisa, y no ahora, cuando está ocurriendo una invasión increíble sin ningún tipo de control».
España, en la actualidad, tiene 2.419.712 parados según el control oficial, que con seguridad son muchos más. Más de 380.000 jóvenes españoles han emigrado en busca de puestos de trabajo que no consiguen en España.
Este personaje que preside España dice que se siente orgulloso de ser español; pues no se nota cuando está pactando con los mayores enemigos del país, que han dicho y dicen públicamente que no quieren ser españoles, que odian la bandera, que pitan el himno y que están pidiendo la independencia.
Pero más grave es que quiera rellenar España de extranjeros para resolver el problema del paro cuando hay más de dos millones de parados y varios centenares de miles de jóvenes marchándose de España. Lo seriamente imperdonable es que quiera reírse del pueblo indicando que los inmigrantes construirán una España «rica, abierta y diversa que, según él, somos y aspiramos a ser». Lo de aspirar a ser una España diversa lo querrá él y los tres seguidores que tiene. Que los inmigrantes harán una España rica es una manipulación de la realidad, porque en la actualidad la inmigración genera más pérdidas que beneficios en todos los sentidos.
Los extranjeros existentes en España, según estadísticas oficiales, superan ya los 10.000.000, que en la realidad son muchísimos más sin control, y todavía quieren dar vía libre para regularizarse a 500.000 inmigrantes, que al final serán muchos más. Como éramos pocos, ahora «se ponen a parir las abuelas».
Según Sánchez, España tiene «dos caminos» frente al reto de la inmigración: «El de quienes quieren sembrar el miedo, enfrentar a unos con otros y condenar a miles de personas a la exclusión. O el de quienes entendemos que la migración es una realidad que debe gestionarse con responsabilidad, integrarse con justicia y convertirse en prosperidad compartida».
El pueblo español está en contra de la inmigración sin control y solo exige una regularización en la que estos entren según la necesidad de mano de obra, y no para vivir a costa de los servicios sociales, como está ocurriendo en la actualidad. El pueblo español no está intentando meter miedo ni enfrentándose sin motivo contra los inmigrantes; la realidad indica que es imposible convivir con unos foráneos que llegan cometiendo todo tipo de delitos, no respetando usos y costumbres, tratando de imponer su sistema de convivencia y provocando a la población indicando que odian a España y que en el futuro será islámica. La idea de renovar la población con extranjeros es un tema complejo y una alta traición.
La inmigración no ayuda a mitigar el envejecimiento de la población española; todo lo contrario. Ellos llegan con la intención única de seguir manteniendo su nacionalidad e intentar que este espacio geográfico en el futuro esté bajo su control. Quieren reemplazar la población española por la suya; esta es la dura y cruda realidad, pero a Pedro Sánchez le da igual porque solo busca el voto a cualquier precio.
En la misiva, Sánchez agradece a «cientos de organizaciones vividoras de la inmigración y a más de seiscientas mil personas que, durante años, han trabajado sin descanso para llevar esta iniciativa al Parlamento a través de una Iniciativa Legislativa Popular (ILP)». Es decir, los más de 600.000 y hasta los 10.000.000 de inmigrantes que hay en España respaldarán esta alta traición del presidente por los intereses que tienen.
Dice Sánchez que cuenta con el respaldo de la Iglesia, y nosotros decimos: ¿cómo no va a contar con el respaldo de la Iglesia si esta busca feligreses a la fuerza? Los sindicatos quieren seguir viviendo de los ingresos de los afiliados, y los inmigrantes son una buena fuente de financiación.
No hablemos de los empresarios, que buscan mano de obra barata para pagarles tres euros, tenerlos trabajando de sol a sol y, muchos de ellos, sin contratos ni seguros. La única sociedad civil que comparte esta locura son los afiliados del PSOE y los de sus socios de gobierno, pero aun así siguen siendo minoría, porque la mayoría aplastante del pueblo quiere poner freno a la inmigración y acabar con la concesión de papeles y con la concesión de la nacionalidad tan alegremente. El extranjero debe seguir siendo extranjero ahora y siempre; asimismo, se deben cambiar las leyes electorales para impedir que los extranjeros tengan acceso a nuestros organismos oficiales y así evitar que puedan gobernar e imponer en este país sus criterios.
Ya está bien de utilizar siempre la misma demagogia de que los españoles también fueron inmigrantes. Fueron inmigrantes a la fuerza, como está ocurriendo en la actualidad, por tener una clase empresarial caciquil y unos políticos traidores que tenían sumida en la miseria a la población. No vamos a permitir que los españoles tengan que seguir emigrando para buscar su sustento porque sus puestos de trabajo son ocupados por población foránea y porque la calidad de vida en España desaparece por culpa de un gobierno especulador y corrupto que tiene «quemado» al pueblo con tantos impuestos y con la carestía de la vida admitida por los nefastos políticos que malgobiernan.
Los pocos inmigrantes que trabajan lo hacen para que los alimentos lleguen a sus mesas y no a las del pueblo español. No innovan; nos hacen retroceder. Lo que emprenden lo hacen para servir a los suyos; la mayoría de los productos los traen de sus países y los beneficios que obtienen los mandan fuera. En nuestros colegios y en la convivencia diaria intentan imponer sus costumbres y no respetan las nuestras.
El envejecimiento de España se resuelve de otra manera y no rellenando el país con extranjeros. Se debe ayudar a las parejas de forma inteligente y atractiva para que puedan tener hijos; en un modelo especulador e inviable como el actual, es imposible.
Dice el «traidor de la Moncloa» que «sin nuevas personas trabajando y cotizando, nuestra prosperidad se frena, nuestra capacidad de innovar se debilita y nuestros servicios públicos —sanidad, pensiones, educación— sufren». La solución está en España: hay más de 2.000.000 de parados y centenares de miles de jóvenes fuera porque no encuentran trabajo y mucho menos una vida digna. Si se tiene que traer inmigrantes para cubrir puestos, que se haga de forma controlada, regulada y con contrato en mano; cuando finalice el periodo, que se marchen, y no como ocurre ahora, que entran sin control y generan problemas.
Debemos oponernos a esta regularización y luchar para hacer desaparecer al actual grupo de gobierno que está hundiendo y dividiendo al país. Para ayudarnos a que este artículo llegue a todos los rincones, rogamos que se critique esta medida y se organicen manifestaciones en todo el país para frenarla.
La regularización extraordinaria de inmigrantes ha sido impulsada por PSOE, Podemos y Sumar. Para muchos ciudadanos, esta decisión supone un error grave que ignora la situación real del país: alto desempleo, jóvenes emigrando y falta de oportunidades.
Quienes defienden esta postura consideran que estas políticas no responden al interés general, sino a intereses políticos, y creen que sus consecuencias pueden afectar al futuro económico y social de España.
Por ello, sostienen que en una democracia la respuesta debe darse en las urnas, exigiendo responsabilidad política y apostando por un cambio en la dirección del país.
Demandamos:
1. La realización inmediata de una "Ley de Residencia" con la cual se controle y regule la entrada de inmigrantes en España.
2. La reforma urgente de la "Ley de Extranjería", en la que se debe recoger la prohibición de la entrada de inmigrantes ilegales en el país, y que aquellos que entren de forma ilegal sean detenidos, sancionados, expulsados y se les prohíba la entrada de nuevo en el país.
Además, a los que entren ilegalmente jamás se les concederá la regularización.
Que a los inmigrantes legales se les conceda la regularización durante el periodo que precisen para cumplir su contrato de trabajo.
Que la nacionalidad española solo se conceda a los nacidos en España y que sean descendientes de españoles.
Que los extranjeros no puedan comprar propiedades en España.
Queda prohibida la reunificación familiar; solo podrán entrar en España quienes vengan a trabajar y deberán abandonar el país una vez finalizado el contrato.
No se concederá asilo político.
3. Cambio de la Ley Electoral para que se prohíba presentarse a los comicios a aquellos que no hayan nacido en España y que no sean descendientes de españoles.
4. Modificación de la Constitución para adaptarla a la Ley de Residencia, a los cambios en la Ley de Extranjería y a la Ley Electoral.