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EL AGITADOR: ¿CONTRAPODER O PROPAGANDA?

laverdaddelanzarote.opennemas.com  |  20 de mayo de 2016 (09:37 h.)
El Agitador

CÉSAR HERNÁNDEZ

No cabe duda de que El Agitador ya tiene un hueco importante en la historia reciente de Lanzarote. En una isla tan plagada de corrupción y de conchabeo político-empresarial, el surgir de El Agitador significó mucho. Fue la primera publicación que explicó y señaló la mayoría de los chanchullos que todos veíamos y conocíamos, pero que nadie se atrevía a denunciar públicamente. Y menos de una forma tan cruda y humillante para los aludidos.

Lo de reirse de los poderosos que aprovechan su estatus para abusar del pueblo viene ya de muy atrás. En la antigua Roma los plebeyos usaban las paredes de las casas para dibujar sobre ellas sus eslóganes y parodias contra los senadores corruptos. Eran dibujos anónimos, por supuesto, porque quienes los hacían se jugaban el tipo. Con El Agitador pasaba igual. Un trabajo de esa clase solo era posible, en Lanzarote, desde el anonimato.

Lanzarote, como todos los sitios pequeños, es un lugar donde la libertad de expresión resulta un producto muy caro. Dependiendo de quien seas, donde trabajes, cual sea tu familia, quienes sean tus amigos..., entiendes que hay cosas que no puedes decir, aunque las pienses muy fuerte. La autocensura, más que la censura explícita, que también la hay, está a la orden del día. Por eso el anonimato se muestra como la solución ideal para expresar determinadas cuestiones.

Y eso era lo que hacía El Agitador, aprovechar el anonimato para decir lo que nadie más se atrevía a decir, con el humor satírico como herramienta. Hasta que se atrevió con un fiscal, (porque si la libertad de expresión es cara, cuando de fiscales y jueces se trata es prohibitiva) y el fiscal le denunció, sacándole del anonimato y también unos cuantos miles de euros.

A partir de ahí se acabó El Agitador como tal. Llegaron largos parones y cuando retomó la actividad en su última etapa ya no era El Agitador, sino Carlos Meca. Un Carlos Meca, además, que bien pronto se convirtió en Secretario General de Podemos en Lanzarote y Consejero del Cabildo. Nada menos. Del anonimato al estrellato en tiempo récord.

Y es en este contexto actual que me hago la presente reflexión. Si El Agitador se caracterizaba por algo, era por criticar a través del humor satírico a todos los políticos y partidos de Lanzarote. A diestro y siniestro. Para todos había lo suyo, incluyendo Alternativa Ciudadana. Además, aunque era un humor humillante y canalla, muchos lo justificábamos y lo entendíamos porque, para qué engañarnos, en el fondo era una dulce venganza de los de abajo contra los de arriba. Sí, ellos nos roban, nos engañan y nos estafan, pero al menos nos reímos en su cara.

Pero ahora Carlos Meca es un político más y, como tal, se cuida mucho de elegir a sus víctimas propiciatorias. No hay viñetas sobre Podemos, pero tampoco sobre Ganemos o sobre Alternativa Ciudadana o sobre Somos Lanzarote. Todos estos partidos habrían sido escrutados por El Agitador, pero son ignorados por Carlos Meca, el Consejero del Cabildo y Secretario General de Podemos.  

Y no quiero decir con esto que Carlos Meca no tenga derecho a publicar lo que le de la gana, faltaría más. Para mí la libertad de expresión es sagrada, aunque milites en un partido. Que ahora use su web para reirse de sus rivales políticos es legítimo. Y además, es algo que en mi opinión se le da bien, ¿por qué tendría que privarse de ello? Desde luego es un formato de oposición bastante inaudito, y yo creo que inédito. Pero ya digo, legítimo. Ya valorarán los militantes de Podemos en Lanzarote si les gusta o no, en las próximas primarias. Y si resulta elegido para repetir candidatura, ya lo valorarán los votantes.

Eso sí, personalmente ya no considero su producto contrapoder, como lo fue en su día. Y la verdad es que echo en falta una mirada crítica que analice a los nuevos actores como antes analizaba El Agitador a los que había, más allá de militancias. A lo mejor necesitamos un nuevo Agitador que diga a estos nuevos políticos, como al resto, las cosas a la cara. No desde la afiliación política o el rencor partidista, sino desde cierta neutralidad. No se si tal cosa es posible, porque hoy día con las nuevas formaciones cualquiera que tiene inquietud milita en un partido u otro y porque no parece que la generación que viene esté demasiado por la labor de mojarse. Pero nunca se sabe.