Ciudadanos y colectivos de Lanzarote asistimos con indignación y vergüenza ajena al espectáculo mediático que algunos dirigentes políticos pretenden imponer en nuestra isla. El último ejemplo es el durísimo e injurioso comunicado emitido por Carlos Espino (PSOE) contra un representante de Coalición Canaria, motivado únicamente por una opinión —que pudo estar más o menos afortunada— sobre el ambiente de una manifestación.
Es inadmisible que un cargo público utilice palabras de un calibre tan grave como "misógino" o "machista" para lapidar e insultar públicamente a un adversario por un comentario trivial. Esta desproporción absoluta no es casual: es una estrategia calculada para desviar la atención de lo que verdaderamente importa y linchar al rival político en el barro de la demagogia.
Como pueblo, nos vemos en la obligación de decir BASTA por las siguientes razones:
Manipulación de causas sagradas: Utilizar acusaciones tan serias como la misoginia de forma tan frívola e interesada es una falta de respeto flagrante. Maniobras como esta solo sirven para devaluar las luchas sociales reales y utilizarlas como un arma arrojadiza en las guerras particulares de los partidos.
Cortinas de humo ante la gestión: La manifestación del sábado tenía un objetivo claro: defender la sanidad y el futuro del Hospital Insular de Lanzarote. Que un dirigente del PSOE prefiera centrar el debate insular en el maquillaje, la vestimenta o las descalificaciones personales demuestra una absoluta falta de argumentos para defender la gestión de sus siglas. Prefieren hablar de "formas" para que el pueblo no hable de las carencias sanitarias.
Lecciones de moral desde un tejado de vidrio: Sorprende que quienes pretenden repartir carnets de ética, educación y respeto institucional pertenezcan a unas siglas acosadas a nivel nacional por escándalos diarios de corrupción, tramas turbias, drogas y prostitución. Quien tiene tanto por lo que callar y explicar en su propia casa pública no tiene ninguna legitimidad moral para erigirse en el juez de la decencia de Lanzarote.
Las mujeres y los hombres de esta isla somos maduros, independientes y plenamente capaces de juzgar la realidad sin necesidad de que políticos crispados nos tutelen o nos utilicen como escudos humanos en sus batallas de poder.
Exigimos a Carlos Espino y al PSOE de Lanzarote que eleven el nivel, dejen atrás el insulto fácil y la soberbia, y se pongan a trabajar en soluciones reales para la sanidad, el bienestar y el futuro de nuestra isla. Lanzarote se merece representantes públicos a la altura de su gente, no portavoces dedicados al linchamiento mediático.
Firmado: Ciudadanos por una Lanzarote digna