16:16 h. Viernes, 21 de febrero de 2020

Se habla del fin del mundo sin una base científica que acredite su certeza

Juan Cabrera Santana | 19 de diciembre de 2012

EL TRANSISTOR DEL FACEBOOK. ¿Debemos creer en el vaticinio de los mayas sobre el final de la Tierra? Yo lo digo con franqueza. Se señala el próximo viernes 21 de diciembre a primeras horas de la mañana  la realidad del evento. Se tendría que dar en el universo tales circunstancias cósmicas coincidentes en todos sus efectos para que sucediera lo que la cultura maya ha vaticinado.

EL TRANSISTOR DEL FACEBOOK. ¿Debemos creer en el vaticinio de los mayas sobre el final de la Tierra? Yo lo digo con franqueza. Se señala el próximo viernes 21 de diciembre a primeras horas de la mañana  la realidad del evento. Se tendría que dar en el universo tales circunstancias cósmicas coincidentes en todos sus efectos para que sucediera lo que la cultura maya ha vaticinado. En estos momentos hay muchas cosas en qué ocuparse y por eso deberá causar extrañeza a muchos de que yo hable sobre esa hipotética situación del final de la vida. Si nos paramos a pensar que tal hecho debería ocurrir por un fallo de esa coordinación de los elementos del cosmos que tanto sorprende en cualquier estudio que se realice, podríamos decir que difícilmente se perdería esa asombrosa coordinación cósmica para que pudiera ocurrir lo que a muchos tienen preocupados. Hay una locura de presagios que, esto sí que es verdad, nos aconsejan que cada uno o todos ellos deben estar alejados de los pensamientos de futuro. En mi caso, por ejemplo, no pienso perder el tiempo pensando en que me voy a sacar la lotería del sorteo de navidad, cuando si se cumplen los dos  vaticinios, el de la catástrofe cósmica y el de la lotería, no lo voy a poder disfrutar, y que, por cierto, en el segundo caso la voracidad rajoyana me expoliaría del 20% de mi suerte.

 

Pensándolo bien, esa circunstancia traería alguna buena consecuencia. Todas las cuentas se pondrían a cero y a dónde quiera que nos manden con posterioridad al próximo viernes, dejaremos de pensar en esa otra catástrofe a la que nos tiene sometido el primer Ejecutivo español, ya que razonablemente pensando, peor que la que sufrimos actualmente no sería la que está por venir, y, además, nos causaría la satisfacción de que la voracidad gubernativa de la que hemos hablado no se saldría con la suya.

 

No cabe duda que sería penoso no poder disfrutar de esa misteriosa circunstancia a que nos veríamos sujetos, pues suponiéndolo una igualdad de oportunidades, posiblemente nos llevaría a tratar de tú a tú con los buenos y con los malos con quienes nos ha tocado vivir; como quiera que esas posibles conversaciones que podríamos tener con la gente buena las daríamos como sobradas por ese entendimiento comprensible que habría entre todos los bondadosos, con respecto a los malos no podríamos tener el ajuste de la venganza, ya que ese final del universo lo más probable es que haga desaparecer también ese vicio que domina la humanidad.

 

Los que hemos seguido perdiendo el tiempo pensando en el fatídico evento, a lo mejor hemos visto bien lo que se pronostica con respecto a la vida: construcciones de búnkeres que puedan resistir el choque cósmico, acumulación de alimentos, no sé para qué, esperanzas fatuas de que seguiríamos contactando en otras formas de vida, a sabiendas de que el vaticinio maya entre otras cosas daría todo como definitivo, de tal manera que ocurriría una defunción global que ni siquiera va a servir de negocio a las funerarias; pero, por otra parte, esos presuntuosos videntes hacen diferente estudio de la idea de los mayas llenándonos de esperanza de vida diciéndonos que ese final cósmico que se vaticina no será catastrófico, sino un cambio generacional de otra forma de vivir, entre las que me supongo que los sufrimientos que estamos pasando desaparezcan y con tal desaparición, también los personajes que los están provocando. Por supuesto que en ese caso sí que aceptaríamos con plena satisfacción esa nueva forma de vida. Más creo 

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