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Padre Báez

No se deciden a intervenir

Sacerdote y escritor

Padre Báez | 07 de julio de 2013

El cabildo -que no debe seguir y debe desaparecer ya- no se decide a meter mano en el campo, lo tiene bloqueado, imposible hacer algo, y es que ha desplegado toda una brigada variada de un personal triple, que vigila y controla cualquier movimiento, sea lo que sea, para que nada se mueva, ni se haga, ni siquiera lo más elemental. Un equipo de vigilantes tal, que si en lugar de pasear controlando todo hicieran algo respecto a la agricultura y ganadería, no tendríamos que importar nada, porque darían para comer -si hicieran algo-, pero es que ni hacen, ni dejan hacer. Todo parado, todo quieto, todo sin tocar. Todo eso significa deterioro, marcha atrás, empeoramiento, sin salida o solución, stop. Y ello, teniendo una tierra capaz de generar una producción tal, que salvaría no solo al tabaibal, sino a espakistania y aún más allá (europa, y más continentes). Nadie apoya al sector primario y esta es la mayor desgracia, que aumenta la tragedia del paro, hambre, crisis, miseria, etc.. Ni siquiera el ejército que nada hace y para justificar su existencia, tiene que salir a pegar tiros al extranjero, en lugar de cuidar ellos animales y cultivar la tierra, que si así lo hiciera hasta ellos mismos, estuviesen hasta mejor. La verdad de todo esto es que los que mal gobiernan –son los que nos han traído a la situación que vivimos- han neutralizado el campo, y es como si no tuviéramos tierra que cultivar ni de donde comer los animales. No abren el campo, y lo tienen vetado, anulado, desaparecido, y ello de norte a sur, de este a oeste, de costa a cumbre, y por ningún lado se ve una cabra suelta -hay autorización para matarlas a tiros si se las ve-, y ni se ve a nadie cultivando la tierra, a no ser regando césped. Por otra parte, ningún partido político, hace de fuerza ofensiva, y como si la cosa agrícola y ganadera haya desaparecido y no quede ni rastro, que hace del sector, ni mentarlo, pues no existe. Ello hace que nuestra dependencia -lo último de la condición humana- totalmente del exterior, sin que nada del interior remedie nuestra calamitosa situación, la peor de las que se conozcan. Cada vez crece y aumenta más y más el número de los parados, de los hambrientos, de los sin nada, ni trabajo ni comida. En esto, vamos en cabeza, somos los que más, los primeros, los que ganamos por goleada respecto a otros que se autoabastecen; pero nosotros, nada de nada, solo carnavales y fútbol, para idiotizar y hacernos mirar hacia otro lado y engañar al hambre y ocuparnos en algo. Nada se despliega, sino el paro que no para de crecer y aumentar sus desempleados, el hambre que vacía mesas y, despensas y neveras, la inseguridad (por robos), etc. Solo cabe esperar pasen dos años a ver si el siguiente gobernante cambia algo la cosa, pero es tal el pesimismo y la realidad, que solo aguardamos más de lo mismo, porque son repetidos, los que van a seguir y si nada han hecho, nada van a hacer, sino ir a peor y a más la desgracia y ruina. Nadie interviene en defensa del sector primario;  no hay ofensiva alguna que frene el derrotero que traen de no dejar tocar nada en la tierra, ni personas, ni animales; esto es algo nunca visto antes; nadie hace nada por tomar la iniciativa en nada; el asunto puede devenir en un conflicto armado (con piedras y palos, como los guanches primeros); no se van los políticos, ni se les obliga a abandonar, sino que siguen y sigue empeorando la cosa;  tantos grupos políticos y ninguno hace nada; la cosa viene de atrás, y parece tiene larga vida por delante; los protagonistas son los del seprona y los del miedoambiente, que pasean por todas partes, sin parar incluido los sábados y Domingos (que es cuando más lo hacen), por orden del cabildo reprimiendo y multando todo;  ningún medio de comunicación informa de la realidad, sino echando balones fuera y distrayendo, por no perder la publicidad oficial;  el contingente de pobres aumenta sin freno;  tres batallones nos controlan para que nadie se mueva, ni mueva nada; kilómetros y kilómetros de tierras vacías y llenas de basura; la tabaiba se esparce a sus anchas por toda la isla e islas; la amenaza de sublevación está en el aire; hay muchos ya, que se quitan de en medio: se suicidan (no nos los cuentan); algunos huyen de la isla (se van o se hacen emigrantes); aumentan los pillajes y las violaciones de los derechos humanos;  la decepción es masiva, total globalizante;  nada se produce; la rebeldía está en la piel de todo humano; se abandonan tierras de cultivo y alpendres de toda la vida, por imperativos del cabildo y sus ejércitos que lo controla todo;  el campo es pista de carreras; las peleas entre políticos son constantes (como niños), y nada solucionan sino que lo empeoran todo; pastores ya no quedan; todos protestan a boca chica, por ahora; nadie soluciona nada; se abandona la isla; hacen huertos entre coches y en las escuelas infantiles (niñitos de 5 años convertidos en los parvularios agricultores y ancianos en la capital, nostálgico del campo donde no dejan cultivar, lo hacen entre cemento y asfalto)...

 

El Padre Báez.

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